BlogESfera. Directorio de Blogs Hispanos escritos -reflexions variades-: Heridas que aún supuran

domingo, 14 de agosto de 2011

Heridas que aún supuran

«En la primavera, el ánade salvaje vuelve a su tierra para las nupcias. Nada ni nadie lo podrá detener. Si le cortan las alas, irá a nado. Si le cortan las patas, se impulsará con su pico, como un remo en la corriente. Ese viaje es su razón de ser... En el otoño de mi vida, yo debería ser escéptico. Y en cierto modo lo soy. El lobo nunca dormirá en la cama con el cordero. Pero de algo estoy seguro: si conseguimos que una generación, una sola generación crezca libre en España... ya nadie les podrá arrancar nunca la libertad.»

Con la voz y la interpretación del eterno Fernando-Fernán Gómez, Don Gregorio, el “Maestro” de la película La lengua de las mariposas, realizaba esta magnífica alabanza de la libertad y clamaba ante una audiencia –cierto es- relativamente pequeña, a no dejar pasar la oportunidad que se avecinaba. Una sola. Tan solo una generación. De ella dependía hacer crecer unas alas que ya nunca más podrían ser amputadas. Pues la libertad habría prendido en las más profundas entrañas de éstos nuevos españoles de un modo indeleble.
Todos sabemos lo que vino a continuación. Que el lobo se comió al cordero. La oportunidad que presentaba Don Gregorio se echó por la borda y, este país, se condenó irremisiblemente a una profunda involución –en todos los sentidos- y, sobre todo, al insoportable dolor de una herida que yace latente todavía y que, quienes la profesaron –los verdugos- han vivido sin ningún tipo de reprobación, ni con el mínimo síntoma de arrepentimiento. El máximo grado del absurdo se manifiesta en el peso que todavía ejercen los poderes fácticos que controlaron la “Una Grande y Libre”. Pues el condenado, contra sentido común, no es el verdugo sino aquél que ha pretendido investigar sobre la criminalidad de este. Así funciona este país. Sujeto a un supuesto y falaz pacto de silencio rehabilitador, que no ha hecho más que provocar más supuración a una herida transgeneracional.

Sobre lo que podría haber sido –y no fue-, nadie podrá llegar a saberlo nunca en profundidad. Ciertamente, el desarrollo de la guerra dió muchas pistas del porqué todo finalizó con el triunfo de los “alzados” y la problemática que debilitó a la esencia misma del movimiento republicano. George Orwell, antes que un popular novelista fue combatiente de las milicias antifascistas en el Frente de Aragón, donde estuvo a punto de perder la vida tras un disparo. La minusvalía lo forzó a retirarse a Barcelona, donde su lúcida inteligencia fue capaz de alumbrar muchas de las vicisitudes que acontecían en la capital catalana de aquel 1937.
La verdad de las cosas es que el ideal republicano quedó atomizado en luchas fraticidas que no supieron coordinarse para poder sostener lo fundamental; poner freno al avance del fascismo. Como manifestava el propio Orwell, Barcelona tiene el mérito de haber sido la única ciudad donde se desarrolló una verdadera revolución anarcosindicalista y donde se puso en práctica una severa colectivización. Sin embargo –y parafraseando al propio Orwell-, “la primera impresión es que España sufría una plaga de iniciales”: PSUC, POUM, FAI, CNT, UGT, JCI, JSU, AIT. En todo ello no había más que descoordinacion y un profundo desacuerdo de cada una de lo que estas siglas representaba con respecto a las otras. Y, para más agravio, parecía que lo que tenían en común era la desconfianza hacia el Ejercito Popular -esto es, aquél legítimamente reconocido como propio por el Gobierno Republicano- más que la voluntad de contener a los sublevados.
Entre tanto, la metástasis del fascismo parecía inevitable. Día tras día, semana tras semana y mes tras mes, los militares “alzados” ganaban terreno hasta la culminación de la muerte del paciente republicano. El debate entre el fin por el cual se luchaba –si por una democracia social-liberal o por una revolución anarcosindicalista- acabó sin embargo con la presunta camaradería que debería haber sido el fundamento de un conjunto de personas que hubieran subscrito, plenamente, cada uno de los puntos de la Francia revolucionaria del XVIII: la libertad, la igualdad y la fraternidad. Sólo cabe leer algunos versos de aquellas canciones que sirvieron de referente entre diversos de ellos –y que tanta urticaria siguen produciendo, aún, entre los sectores más conservadores de la sociedad- para ver que lo que les unía era mucho más que lo que les separaba. Porque, al fin y al cabo, comunistas, socialistas, trotskistas y todas las denominaciones fraccionarias de la izquierda tenían un mismo suelo en el que caminar. Nadie de ellos negarían aquello de “Basta ya de tutela odiosa / que la igualdad ley ha de ser. / No más deberes sin derechos / ningún derecho sin deber[1]. Asimismo, era evidente, a ojos de todos, que: “El bien más preciado es la libertad. / Hay que defenderla con fe y valor” [2].
Al fin y al cabo, lo que en estas palabras se contiene no es belicismo – esto es, no son “canciones de guerra”-, sino beligerancia ante un mundo injusto. En ellas emana un aroma límpido de fe en un hombre, igual y distinto, y el alejamiento ante todo adoctrinamiento ciego (que luego cierta izquierda fuera igual de doctrinaria que el propio fascismo es otro tema).

Sin duda, -como todo lector habrá podido apreciar- este artículo no es parcial. Pero por otro lado, desde el punto de vista aquí tomado, dicha posición acontece como inevitable. Que en la guerra se cometieron cientos y miles de atrocidades es cierto. Sin embargo –y evitando cualquier mitificación histórica- la oportunidad perdida y la herida abierta en este país sigue arrastrándose como la mayor losa de la historia reciente de España y, sobre nuestras propias espaldas aún podemos sentir su peso.
Por desgracia, lo que se cocía en aquel entonces tomó a la sociedad todavía excesivamente verde –y no “roja”- como para poder desarrollar muchas de las propuestas políticas y civiles que se pusieron sobre la mesa. Pues, ¿que hubiera pasado, por ejemplo, si hubiese prosperado el Estatut d’Autonomia que la Generalitat de Macià propuso en 1933? ¿Hacia dónde hubiese caminado este país –entiéndase España y todas las naciones que ella comprende- si, como contenía dicho Estatut, se hubiese fijado por ley la prohibición de la usura, la igualdad civil de los cónyuges, la enseñanza pública obligatoria gratuïta y laica –cuyos valores ideales eran “el trabajo, la libertad, la justicia social y la solidaridad humana”- y la obligatoriedad de la administración pública de dotar de asistencia social a los más desvalidos? El peso, sin embargo de toda la escoria que ostentaba el poder (en gran medida, los caciques, el clero y los militares) produjeron el colapso de un organismo naciente que apuntaba a que podía llegar a ser el Estado democrático y social más avanzado de Europa. Desgraciadamente, no pudo ser.

Por otro lado, tras la tabula rasa efectuada entre 1975 i 1978, si miramos la historia reciente de España, se podíra decir que las preocupaciones han tomado otros cauces. Pues si Orwell encontraba empalagoso aquel mar de siglas que inundaba el país en los años de la Guerra Civil, las cabeceras de los diarios, en los últimos treinta años han repetido unas hasta la saciedad; las de ETA. En la más reciente contemporaneidad –ahora mismo-, todo subyace bajo una voraz crisis económica-inmobiliaria, mientras el terrorismo etarra parece disolverse. Sí, parece que, al fin, la memoria siempre se disuelve y la gente olvida. Pero la herida sigue supurando.
El nudo generacional se arrastra y queda enquistado ya, en unas entrañas cada vez más profundas y, sin embargo, ahí yace; como dormido, pero latente. En cierto momento alguna cosa empieza a agitarse y reaparece el fantasma de lo que pudo haber sido y no fue; de las víctimas y los verdugos; de la purgación ideológica. Para los jóvenes son cuentos de nuestros abuelos. Muchos de ellos sin embargo yacen, todavía, inidentificados, bajo tierras yermas y anónimas. Memoria perdida. Olvido. Heridas latentes y heridas que se heredan.


[1] Versos de la traducción más extendida del himno comunista-socialista La Internacional al castellano.
[2] Versos, asimismo, de el himno anarcosindicalista A las barricadas.

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