BlogESfera. Directorio de Blogs Hispanos escritos -reflexions variades-: 2012

martes, 23 de octubre de 2012

Los datos ocultos de las elecciones vasco-galaicas


El presente artículo no tiene más pretensión que poner sobre la mesa ciertos datos que se desprenden de las elecciones autonómicas acontecidas este pasado fin de semana y que, en gran medida, han sido obviados por los medios de comunicación. Así, evitando hablar de hechos ya tan evidenciados como la sangría de votos que sufre el socialismo desde las elecciones generales del 20-N del pasado año, se pasaran a tratar temas que aquí se han considerado dignos de ser analizados de un modo más pormenorizado.

¿Verdadero éxito del PP?
Hay unanimidad en los medios en resaltar que la victoria del candidato popular, Núñez Feijóo -hijo prodigo de Rajoy en su tierra natal y apóstata de su política en los tiempos más oscuros- representa un aval hacia los recortes sociales y hacia la doctrina de contracción económica del gasto que ha aplicado en el Gobierno del Estado, a la vez que constituye un balón de oxígeno en su proceder futuro. Quizá algunos electores se hayan planteado su voto en estos términos; quizá. Sin embargo, si consideramos, de entrada cierto este principio, finalmente, quizá, acabe representando lo contrario de aquello que ha aparentado ser prima facie.
Pues, si, cierto es que, de entrada, el PP “ha arrasado” con una mayoría absoluta “aplastante”. Así, no solo se ha mantenido en el poder sino que, además, ha aumentado su representación en 3 escaños respecto a las elecciones de 2009 ¡Y en pleno apogeo de los recortes sociales que está llevando a término el Gobierno de Rajoy! Sin embargo, el PP ha pasado de 789.427 votos en 2009 a 653.934 en 2012. ¿Aumentado? No; ha disminuido, y muy significativamente –porcentualmente, el 17,2%-. El PP ha sufrido una debacle muy considerable: ni más ni menos que por cada 10 electores en 2009 sólo 8 les han renovado su confianza en 2012.
Es evidente, pues, que, analizando los datos, el PP ni ha arrasado ni ha logrado una cifra de electores como para sentirse orgulloso. Hay que saber, sin embargo, que estos escaños se generan a raíz del sistema de computación de los votos –el sistema d’hondt- universalizado y viciado de desproporcionalidad en la asignación escaños/votos; un sistema que ningunea a las fuerzas con menor representación ya que para cada escaño adicional se requieren menor cantidad de votos. O, dicho de otro modo, las fuerzas más votadas tienen mayor facilidad en lograr representación parlamentaria –solo así se concibe que un partido que ha logrado el 45,72% de los votos obtenga el 54,67% de los escaños (caso del PP en Galicia)-.

El voto en blanco
Casi nadie habla de él y, de hecho, es el antiprotagonista por antonomasia. Sin embargo y, pese a que los medios han obviado de forma clara este hecho, hay que reparar muy seriamente en este aspecto. El voto en blanco ha aumentado muy significativamente. La diferencia en puntos porcentuales es casi insignificante, si tenemos en cuenta que, casi siempre, este voto ha sido casi marginal. Pero, por otro lado, en las vigentes elecciones ha habido una cantidad muy importante de personas que, trasladandose de sus hogares a sus respectivos colegios electorales, introducieron su sobre vacío, sin sigla alguna.
En este sentido, hay divergencias entre Euskadi y Galicia. Euskadi parte de la legalización de un partido que ha movilizado, en estas ultimas elecciones, gran parte del electorado y que, por lo tanto, el voto en blanco –que, en otros momentos se alcanzó por la vía de la nulidad, llegando a superar el 8%- no es representativo del malestar social sino de la ausencia de una alternativa política en la que apoyarse. No obstante, éste pasó de representar el 1,01% en 2009 al 1,29% en la actualidad. No deja de ser sorprendente que, pese a la legalización de una fuerza que representa a gran parte de la sociedad vasca, la opción por no decantar el voto hacia ningún lugar se haya incrementado un 21%.
En Galicia, sin embargo, el trasvase hacia el voto en blanco es mucho más impactante; pues pese a la marginalidad del mismo, pasa de un 1,66% en 2009 a un 2,69 en las presentes elecciones, lo que representa un incremento de un 62%.
Así, la conclusión es evidente y, de hecho, se vincula con los datos aportados por los últimos sondeos del CIS; la desafección política crece día tras día y cada vez más ciudadanos creen que uno de los principales problemas que afectan al Estado español se vinculan con la clase política; llegando a ser éste el tercer problema del país.

Izquierda nacionalista
El autentico descalabro del PSOE y sus filiales autonómicas ha supuesto que muchos electores identificados con el progresismo político hayan optado por otras formaciones de izquierdas. Lo curioso de todo ello, sin embargo, es que, si bien el socialismo se identifico con el internacionalismo durante tiempo, los nuevos panoramas que se abren en el naciente sector izquierdo del arco parlamentario presentan una clara vocación nacionalista -por no decir, en según que casos, directamente secesioncita-.
Cierto es que el BNG nunca ha ocultado su posición como partido nacionalista de izquierdas –y, de hecho, eso es lo que lo distingue fundamentalmente de CiU o del PNV-. El progresismo que ha enarbolado el BNG, en cambio, parece haberse vuelto obsoleto. Su viejo –ya anciano- y carismático ex-líder, Xosé Manuel Beiras, ha optado por la fundación de una alternativa más dinámica y fresca al nacionalismo gallego de toda la vida. Así, con la creación, por el propio Beiras, de Anova, se pretende integrar los diferentes espectros del izquierdismo, hecho que lo ha llevado a presentarse en una exitosa coalición con la federación gallega de Izquierda Unida. En ese sentido, los sondeos recogían la posibilidad que esta nueva fuerza irrumpiera en el parlamento gallego ocupando algún que otro escaño. Uno, decía el CIS; nadie imaginaba sin embargo que iban a ser 9 y que terminaría por relegar al BNG como tercera fuerza política.
En Euskadi el tema es significativamente más delicado. Pues hay que decir, en primer lugar, que la izquierda nacionalista se vincula allí, fundamentalmente, con la conocida izquierda abertzale que, pese a su actual desvinculación manifiesta de todo tipo de violencia, sigue manteniendo la estela que ha arrastrado durante su largo festejo con ETA. EH Bildu, en este caso, se nutre de otras dos fuerzas que han tenido larga tradición democrática y que se han vinculado fuertemente al progresismo en Euskadi: Eusko Alkartasuna, de tinte algo más socialdemócrata, y Alternativa, con una tendencia más inclinada al neocomunismo. En todo caso, la apuesta es clara, la izquierda más radical ha presentado un órdago nacionalista que, en muchos casos, es claramente  independentista. Un modelo, sin duda, exitoso, que ha colocado a este conglomerado como segunda fuerza del nuevo parlamento vasco con 21 escaños y a sólo 6 del PNV.
Este cambio, que no ha sido remarcado excesivamente a nivel mediático, ilustra un nuevo modelo social; el izquierdismo internacionalista (o quizá, mal llamado, constitucionalista, por ciertos medios de comunicación), que tendía a una neutralidad con lo referente a las cuestiones de identidad nacional, ha girado claramente para abrazar lo que parece, será su nueva posición política; esto es, la defensa de un fuerte sentimiento patrio con respecto a las tierras de Galicia y Euskadi respectivamente sin salirse en ningún caso de las líneas que acotan el espacio propio de la izquierda.

lunes, 18 de junio de 2012

Tres apunts d'actualitat


Rajoy se’n va a la cimera del clima de Rio de Janeiro
El president del Govern marxa una setmana a la cimera del G-20 per al desenvolupament sostenible. L’objectiu és legítim i, tan de bo, es puguin assolir compromisos vinculants arrel d’aquesta cita. Ara bé, mirant cap endins, Rajoy, ha reduït els ajuts a les energies renovables a percentatges irrisoris respecte als pressupostos anteriors. Alhora, el sector miner està en peu de guerra i, entretant, el Govern obvia la difícil situació d’aquells que han estat treballant en un entorn insalubre i degradant. El fet fonamental, no és la prolongació d’ajuts a la mineria del carbó, sinó aconseguir efectuar una reconversió efectiva envers a altres models energètics. No podem oblidar que, aquí, gaudim d’uns índex d’insolació que molts països europeus desitjarien. Perquè no desenvolupem la fotovoltaica? Més enllà de les declaracions; algú està disposat a apostar per una economia productiva sostenible?
En un altre ordre de coses, cal subratllar que la “fugida” de Rajoy se suma, també, a la ja prolongada evitació de qualsevol exposició pública de la seva persona. Sap que l’Estat que dirigeix es troba sumit, ara per ara, en un gran incendi i pretén sortir indemne de les flames. Però, recordem que una de les activitats fonamentals del Parlament és el control de l’acció de Govern i que, Rajoy, emparat en la seva majoria absoluta està buscant contínuament subterfugis per trepitjar el menys possible les cambres legislatives; fet, sincerament, que debilita una mica més el ja de per si esgotat Estat de Dret espanyol.

Grecia continuarà –de moment- a l’Euro
Certament, no sé si és beneficiós o perjudicial. En tot cas, la mirada a curt termini, des de l’òptica dels mercats i dels poders politics, aconsellaven la victòria de la centre-dreta com, finalment, ha esdevingut. Ara bé, mirant poc més enllà de les repercussions electorals, es molt probable que la continuïtat de Grècia com a Estat membre de l’euro no sigui altra cosa que  el perllongament d'una agonia amb final tràgic. Els poders de la troika –és a dir, la Comissió, el BCE i la UE- han dramatitzat entorn a la possible sortida de Grècia de la “moneda comuna" i el retorn a la dracma. Ara bé, quin seria el preu a pagar? Òbviament una devaluació severa de la nova moneda. En tot cas, les qüestions que es plantegen entorn a aquesta qüestió són massa complexes i, difícilment, es podrien abordar en un sol paràgraf.
Convé ressaltar, però, que la disjuntiva del ciutadà grec ha versat entre dos extrems: la permanència a l’euro i, alhora, l’assumpció de les severes restriccions que imposa la troika; o, per altra banda, la denegació dels ajuts europeus i el retorna una dècada de pràctica autarquia. No és fàcil i, menys quan el maquiavelisme de la cancillera Merkel ha imposat unes polítiques econòmiques summament restrictives al conjunt de la Unió. L’evidència de l’interès germànic per recuperar la seva inversió en deute amb respecte a Grècia (Commerzbank, una de les entitats bancàries de referència a Alemanya, disposa d'un percentatge elevadíssim de deute grec) està posant en perill el conjunt de la UE. Recordem-ho; el social-cristianisme de la Sra. Merkel dista molt de posseir finalitats caritatives.

Dívar deixa el seu càrrec aquest dijous
Finalment la pressió social ha aconseguit forçar la dimissió del funcionari públic millor remunerat d'Espanya ( 130.152€/any)  amb excepció, tot sigui dit, de l’intocable Rei que, a part de poder viatjar a Botswana a caçar elefants, té un salari bàsic de -ni més ni menys que- 292.752€ l'any. El Sr. Carlos Dívar, President del Consell General del Poder Judicial (un òrgan molt probablement prescindible en el sistema constitucional vigent) i, alhora, del Tribunal Suprem, dimiteix. Dijous vinent és la data marcada perquè aquest senyor, després de la publicació dels seus viatges onerosos a diversos llocs d’Andalusia i a d’altres regions de l’Estat, deixi el seu càrrec, senzillament per la pressió social que s’han generat com a conseqüència de les seves praxis davant l’opinió pública.
En tot cas, i deixant de banda la possible imputació penal per possible malversacions de fons públics, és especialment greu que un alt funcionari de l’Estat pugui haver carregat  a l’erari comú un seguit de viatges difícilment justificables des del punt de vista professional
Independentment, però, de si la investigació de la justícia li atribueix ulteriorment responsabilitats penals és molt significativa que hagi estat, en darrer terme, la pressió exercida per la ciutadania la que, finalment, hagi portat a Dívar a abandonar el seu càrrec. Tant de bo aquest fet no acabi aquí; recordem que encara tenim pendent el descobriment de les responsabilitats derivades de la mala gestió de Bankia i que ha requerit la injecció de 23.000.000.000 d'euros per part de l'Estat.

domingo, 15 de abril de 2012

El "Titanic" y la posibilidad de lo imposible

«El hombre elevándose a lo titánico pugna y conquista su cultura y obliga a los dioses a unirse con él, porque él en su propia sabiduría, tiene en sus manos la barrera y la existencia de estos dioses...»

Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, 1872


Estos días los medios de comunicación recogen una de las efemérides más relevantes de cuantas han acontecido jamás: el centenario del naufragio del Titanic. Sin embargo, la raíz de la misma mitificación de este acontecimiento histórico no puede tenerse, sin más, como algo arbitrario y, así, atribuirlo a la sola magnificación del cinemascope. Pues el hundimiento del Titanic no fue un hecho coyuntural sino un hito en el devenir del pensar ontológico del hombre.
Decía, en este sentido, la Poética de Aristóteles que la supremacía de la Poesía con respecto a la Historia es que, mientras esta última narraba lo sucedido la segunda lo hacia con respecto a lo que podía suceder. Y, en este sentido, el Titanic no podía naufragar. Era improbable e inviable y, así, fue recogido por los medios de comunicación de la época. De este modo, el sustrato de pensamiento de aquel tiempo -lo que en términos modernos se ha llamado Zeitgeist y que podría equipararse con la poética de la Modernidad- dictó sentencia y esta, a su vez fue asumida por el ser del momento.
Sin embargo, sucedió lo imposible. Un témpano díscolo que se descolgó de las norteñas aguas árticas rasgo la quilla del insumergible trasatlántico condenándolo a yacer, para siempre más, en las más oscuras profundidades del Atlántico. Así, en la medida que lo certeramente imposible se conformó como real, el hecho invirtió la idea aristotélica, siendo el acontecimiento histórico aquello que deshacía su contingencia y, en esta medida, deviniendo esencial. Pues algo de lo sostenido hasta entonces entraba en una crisis metafísica.
Y el hecho es que la ciencia, hasta entonces, arraigada, fundamentalmente, en la corriente positivista, creía en el desarrollo sin límite; en la profusión de una fe ciega hacia las formulas físico-matemáticas que determinaban todo lo posible y, por extensión, también de lo imposible. Siguiendo, así, estas leyes imperativas acontecía la certidumbre de la imposibilidad de una posibilidad: la del fallo mismo. La conclusión era sencilla: el Titanic, era la máquina más perfecta jamás construida por la mano del hombre, cosa que lo convertía, por lo tanto en algo absolutamente infalible.
Así, algo debía cambiar para siempre, inevitablemente; pues la ciencia misma, aquello respecto a lo que el hombre moderno se había entregado sin ligadura alguna y hacia lo que había trasladado su ser, había fallado.

* * *

El hombre, sin embargo, se encuentra ineludiblemente vinculado a su historicidad y, en este sentido, el Titanic encarnaba a la perfección la idea de lo sublime en una sociedad que se había entregado a ella. En aquel momento, quizá, la tecnociencia ilimitada había comportado una sensación de cierto desbordamiento placentero. Lo sublime, por lo tanto, eclipsaba a lo bello. Para hacerse una idea de lo que significaba esto, puede uno remitirse a la lectura de la Crítica del Juicio de I. Kant, donde se contraponen, sabiamente, ambos conceptos. Así, mientras lo bello era aquello respecto a lo cual la intuición -esto es, los sentidos en su globalidad- determinaban un conjunto de sensaciones que no eran susceptibles a amoldarse a un precepto de la razón -o del entendimiento, dicho en términos kantianos-, lo sublime, invertía esa idea; era, pues, en este caso, el entendimiento lo que primaba ante la intuición. Así, mientras el entendimiento era capaz de pensar la infinitud, la intuición jamás podía ser capaz de representarla.
En esta medida, lo sublime producía una admiración reverencial en tanto que el hombre sentía su superioridad con respecto a lo sensible y, también, pues, con respecto a la naturaleza misma, en la medida que se entendía a ésta como el conjunto de cosas sensibles; pues solo su intelecto podía representar algo que la misma naturaleza no sabia dar. El hombre, pues, veía y sentía pero, en todo caso, conocía más allá de lo natural.
Sin embargo, lo más trascendental fue la negativa del mismo ser humano a reconocer que este pensar no era más que una derivación de algo acontecido mucho antes. El hombre, con su altivez, no quería reconocer y negaba sus orígenes, considerándolos superados y banalizando cualquier interpretación de los mismos. Sin embargo, éste está tan sujeto a la metafísica occidental como la Luna lo está, gravitacionalmente, a la Tierra y, esta, a su vez, al Sol. La modernidad, sin embargo, corría irrefrenablemente hacia una sola vinculación: la que emanaba de la doctrina tecnicocientifica, constituida como dogma de fe y respecto a la cual, cualquier duda, debía considerarse herejía.

* * *

En Grecia, algo muy distinto sucedió hace 2.500 años. Pues, en aquel momento lo infinito –y por lo tanto lo sublime- no existía como tal. Solamente era algo con lo que se tanteaba peligrosamente. Una temeridad que implicó, finalmente, su autoinmolación –siempre ontológicamente hablando-.
Era entonces cuando los griegos hacían y deshacían su ser, para luego volverlo a rehacer, en el teatro. El ser, pues de Grecia, se remitía al mismo acto teatral y, por lo tanto, este último distaba mucho de poder ser considerado como un mero ocio. En él, el hombre encontraba su lugar en el espacio en tanto que reconocía su condición y su posibilidad; el ámbito de lo propio. Así, se reconocía en esta propiedad autolimitandose e imposibilitándose de ir más allá. Este era el verdadero ejercicio catártico –que, asimismo, distaba mucho, también, de la idea de purificación cristiana-. Sencillamente, se pretendía colocar las cosas en su lugar; sin más.
De este modo, los ejemplos de la trasgresión de ciertos personajes respecto a su naturaleza humana -la hýbris, como la llamaban los griegos- ponía sobre la escena las severas consecuencias que comportaba esta acción. Casos paradigmáticos son, en este sentido los de Edipo o de Creonte, que, en su voluntad de ir más allá y, por lo tanto de tender hacia ese infinito, todavía embrionario, fueron severamente castigados por los dioses.

* * *

Llegados a este punto se debe proceder a coligar todo lo dicho y a exponer la conclusión. Así, como se ha afirmado al principio, el naufragio del Titanic no fue una coyuntura histórica de la que se pueda pasar por encima, sin consecuencias. Nunca, hasta entonces, confluyeron en un conjunto de variables -en este sentido, puramente coyunturales- altamente improbables, que cambiarían la cosmovisión del hombre en adelante.
Ciertamente, el Titanic naufragó. Su hundimiento trajo consigo mucho más que el elevadísimo tonelaje del mayor barco de vapor de la historia en el momento. Muchas más cosas debían desaparecer, en aquel momento, en aquellas frías aguas. En primer lugar, el positivismo acérrimo, inevitablemente, entraba en crisis; pues lo más absolutamente infalible devino falible, no sólo después de muchos usos, sino en el primero de ellos -esto es, en el viaje inaugural del Titanic, anunciado por la prensa anglosajona a bombo y platillo-. Así, aquel hombre, que exaltaba su vanidad de haber logrado descifrar las leyes universales de la física; de haber despojado a la naturaleza de su más íntimo intríngulis, se sentía impotente ante el fallo de su máquina más perfecta. La naturaleza, pues, había escondido una carta que no se supo prever y, contra todo pronóstico, ganó la batalla.
Pero, yendo más allá de lo dicho, el hombre no sólo negó su historia, sino que su misma altivez conllevó que la trasgresión se manifestara en el adjetivo sustantivado que daba nombre al barco: Titanic; esto es, ni más ni menos que aquello relativo a la más fuerte y desmesurada generación de dioses griegos. Pero, como si de una predestinación de la naturaleza se tratase y, como sucedía en las tragedias sofócleas, aquello que pretendió ir más allá de su ser y tentar la infinitud fue castigado con el no-ser. La hýbris inherente al conocimiento del suceso, fue extendiéndose sobre una sociedad que empezaba a estar mediatizada, ejerciendo, a su vez, un efecto catártico.
La conclusión, sin embargo, de este texto no es, en ningún caso, la de reforzar una concepción determinista, ni el pretender introducir la ontología de la Grecia, ya muerta. Lo relevante, es la inflexión que, curiosamente, en este caso tiene algo de reminiscencia hacia ese origen  griego; la naturaleza moderna -y sus dioses antiguos- volvieron a situar al hombre en su lugar cuando en su sustrato metafísico no existían límites sobre ello. Así, el Titanic -y sin negar, la dimensión de la tragedia en los términos de vidas perdidas- pasa a ser algo metafísicamente relevante. Pues la falibilidad, desde ese momento, es algo presupuesto, ya, en todo. Así, mientras la historia seguirá tratando este hecho como un acontecimiento inscrito en su linealidad cronológica, lo que quedará, quizá ya para siempre, es la asunción del fallo y la imposibilidad de lo imposible, como nuevos pilares en esta plataforma ontológica en la que hoy nos movemos.

miércoles, 22 de febrero de 2012

“Shame”: aprisionamiento ante lo sexual


El sexo, todos convendrán en ello, es uno de los mayores placeres de la vida y, así, ningúna doctrina hedonista podrá considerarse satisfecho en plenitud si no introduce debidamente una dimensión de lo sexual lo suficientemente amplia. Sin embargo, mucho más allá de la multiplicidad de formas que puede adoptar el mismo sexo y de las afinidades que cada uno muestre con respecto a éstas, lo cierto es que cuando la pulsión sexual transceiende cierto umbral, aquello que en un inicio es placentero y liberador puede terminar convirtiéndose en un desgarrador aprisionamiento.
Steve McQueen, en Shame, y mediante una potencialidad visual poco común, penetra en el intríngulis de esa dolorosa complusión sexual. Ciertamente, hay que decir, que cuesta encontrar películas donde la plasticidad y/o la expresividad del cuerpo humano se desarrollen con tal maestría; coligandolo todo, además, con una envolvente cromática que, en cada caso, pone de relieve aquello que sale en escena. En este sentido Brandon (interpretado magistalmente por Michael Fassbender), se encuentra, casi todo el tiempo, enfrentado a la sordidez de unos tonos azules y grises metálicos. Colores que, a la vez, manifiestan una ciudad muy hostil hacia lo humano y todo el terreno sentimental.


Brandon es un hombre que posee cierto éxito profesional, pero enclaustrado, a su vez, en la multiplicidad inerte de los rascacielos y de las extensas redes de metro de la megalópolis. Un espacio donde todo se ha vaciado de contenido en la medida en que ya nada es diferente al resto. Así, y en medio del desarraigo espacial y humano, Brandon se acoge compulsivamente al sexo, no como una forma de liberación o de mero pasatiempos, sinó como lo único que puede ocupar esa vacuidad de un espacio esencial en su ser. Un compartimento espacial que no puede sinó ser ocupado por lo fungible del mismo instante, el mismo del propio acto sexual, y en el cual su líquido se escurre tan pronto como éste ultimo termina.
La sordidez fría y metálica que envuelve la imagen fílmica, sin embargo, se invierte profundamente con la presencia de Sissy, hermana de Brandon y personaje totalmente antitético a éste. Se puede afirmar, sin duda, que el momento más mágico de la película es su emotivísima interpretación de New York, New York. Allí el calor impregna incluso la fotografía, creando un clímax sentimental que hará desestabilizar toda la estructura mental del protagonista. Allí, quizá, entre por primera vez, un líquido dentro de dicho compartimento vacío de la mente de Brandon que yacerá permanentemente en su interior, recordando, asimismo, la presencia de la misma vacuidad. A la vez, su permanencia desprenderá un vapor que corroerá dolorosamente las infranqueables paredes de este espacio inhóspito de la mente del protagonista.


A partir de este momento, el dolor, el conflicto –el propio y el fraternal- y la evasión, serán el leitmotiv que irán guiando el desarrollo posterior de la película que, al mismo tiempo, irá intensificántose a medida que avancen los acontecimientos. Un gran filme para tratar la vertiente más seria y cruel de un tema que la mayoría de veces es objeto de una consideración excesivamente frívola y despreocupada.

martes, 31 de enero de 2012

Malditas agencias de "rating"

Mientras Europa se sume en una nueva y severa recesión, las maldichas agencias de ráting anuncian en sus cuentas unos beneficios ignominiosos. Pues la crisis no es que les haya resultado indiferente sino que, más aún, les ha proporcionado el gran trampolín de lanzamiento para poseer casi el completo de la gobernanza económica global. No ha bastado con las sospechas que recaen sobre estos agentes de ser causantes directos de la Gran Recesión, sino que, además, han sabido aprovechar funestamente la oportunidad para tomar los hilos y, así, mover y remover; y poner y deponer, incluso, gobiernos enteros de naciones que, se dicen, soberanas. Simplemente, a su libre -e interesado y especulativo- albedrío. En esencia, han actuado como los tenedores de los hilos de un teatro de marionetas donde todo es posible y donde el objeto de lo posible es la totalidad del Mundo. A su vez, en correspondencia con este mundo cibernético en el que vivimos, todo ha quedado reducido a una sencilla combinación binaria de dos letras que se manejan con la frivolidad de un infante caprichoso: la"A" y la "B". Dos letras inocentes, en si mismas, pero que, al mismo tiempo, en perversas combinaciones, poseen una capacidad potencial de destrucción difícil de determinar.
Sin embargo, hay que decir que ese potencial no nace de la nada. Pues su origen yace, fundamentalmente, en el altavoz mediático del que éstas han gozado. Europa no es inmune y ha alentado su propio gran monstruo. Por un lado, las doctrinas de estas agencias han sido perversas, pero sus dictámenes los hemos considerado concluyentes. Planteamos, incluso, crear una agencia de ráting propia, pero, a su vez, no fuimos capaces de romper con el veredicto del maldicho tridente norteamericano. El vicio, al fin, recae sobre la importancia que nosotros les otorgamos; al efecto multiplicador que le ofrecimos a su mensaje. Ciertamente, hemos sido portavoces de “nuestro” diablo.
Pero, ¿y si Europa y sus medios de comunicación les negaran la palabra? ¿Y si dejáramos de alentar, entre todos, una voz que consideramos desacreditada e infausta? ¿Y si condenamos dicha voz a la más pura marginalidad, porque nadie la atiende, porque, sencillamente, ha dejado de ser noticia? Entonces, ¿de qué poder de mercado gozarían? En esa coyuntura, ¿alguien les haría caso?