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martes, 2 de febrero de 2016

El tablero norteamericano

El primer caucus  celebrado, justo en el Estado de Iowa ha depuesto resultados contrastados. Pues casi nadie se imaginaba lo que esta elección conllevaría.
En primer lugar y, tirando del lado republicano, el showman y magnate inmobiliario neoyorquino, Donald Trump, se ha pegado de morros. Iowa es un lugar tradicionalmente agrícola, con un tejido social blanco y netamente “americano”. En fin, sumamente conservador y, sin embargo, Trump, con todo lo que promulga, se ha dado de frente; no obstante a favor del ultra Ted Cruz.
Pues en ese sentido, mucho se contrapone Trump a Cruz, cuando uno y otro en poco difieren más que en la forma de presentarse. Cruz es, sin duda más ortodoxo. Trump más exuberante. Eso ha dado a Trump, sin duda, una fama que supera límites. De hecho, la showmania de Trump le ha dado a conocer fronteras allá, cosa que su rival, hierático, no ha logrado hacer. Sin embargo ese hieratismo le ha podido beneficiar a Cruz que, con esa apariencia de diplomático contenido ha podido arrebatar votos a Trump.
Por un lado muy distinto, Hilary Clinton se las ve ante Bernie Sanders en un empate técnico. Hilary tiene todas las de perder ante Sanders. No porque Sanders las tenga todas las de ganar, sino porqué Hilary lo tenia, de antemano, casi todo ganado.
Sin embargo, un viejo socialista quiere conquistar la Casa Blanca. De entrada, no nos confundamos. Sanders se dice llamar “socialista” pero, sin embargo, no deja de ser un socialdemócrata a la europea. Mucho, por otro lado, en un Estado donde la socialdemocracia ha brillado por su ausencia. Pero, vamos, en ningún caso un leninista. Un izquierdista, simplemente, europeo. A Sanders se le reprocha el querer liquidar la Obamacare –la “seguridad social” impuesta por el presidente Obama- en su reto izquierdista.
Hilary es, por otro lado, más del establishment. La Sra. Clinton tiene en su deber una política centrista-moderada que, seguramente, aunará la mayoria social norteamericana. Su gran virtud es la dicha anteriormente. Sin tener un carisma desmesurado, tiene en su poder una gran capacidad de movilización del voto moderado. Hilary es la gran favorita.
No obstante, Hilary también partía con ventaja en el 2008, cuando un casi desconocido Barack Obama enarboló su “Yes we can”, para apartarla de la candidatura demócrata.
No olvidando, por otro lado, que por la derecha también se le acercan –y mucho- con Cruz y un sorprendente Trump que es capaz de cualquier cosa para sentarse en el Despacho Oval y que mal haría en menospreciarlo.

En todo caso, el juego está sobre la mesa. Las partidas están por ver.

martes, 30 de septiembre de 2014

Catalunya e independencia

LA LEY NO ES UN CONCEPTO INAMOBIBLE
Como dicta el titulo; así se pronunciaba Artur Mas en la entrevista concedida a Ana Pastor en “El objetivo” de La Sexta. No sin descartar los recortes sociales del Sr. Mas y sus terroríficas consecuencias, el entrecomillado que se presenta en el presente artículo tiene una certeza muy pura.
Dentro de la filosofía política, se ha valorado múltiples veces la posibilidad entorno a la moral y la ley; entre la ley y la voluntad del pueblo. Y si algo queda claro es que no es dicha voluntad la que realiza la ley, sino que, en una democracia límpida, en ningún caso la voluntad del pueblo hace la ley, sino el mismo pueblo es el que la realiza.
En este sentido, se ha originado una multiplicidad de reacciones por parte de los órganos vinculados al Estado entorno al “fet català”, que van desde la suspensión radical de la autonomía hasta posiciones más intermedias.
Cabe, en este caso, resaltar la intervención de Francisco Rubio Llorente (La Vanguardia, 29/IX/14), en el cual se dicta que el proceso siempre se desarrolló de “arriba a abajo”, siendo las instituciones catalanas las que han determinado el devenir del proceso. Sin embargo, Rubio Llorente (Expresidente del Consejo de Estado), en su magnífico artículo, olvida la manifestación civil del 10 de julio de 2010. La que eclosionó la “Caja de Pandora ”que fue, en todo lugar, una reacción civil. Fue entonces cuando, el “no” al Estatut, que partía del Tribunal Constitucional asoló un violento golpe al pueblo de Catalunya. Requería respuesta y, poco a poco, se fue generando una corriente nunca vista en el Estado. Una masa social muy amplia salia a la calle a manifestarse con respecto a sus identidades y voluntades nacionales que identificaban a la propia región.
Mas, entretanto –y, ciertamente, ofuscado en su política antisocial- recuerda que la ley vigente pretende, solamente, conocer “la voz de un pueblo”.
Pese a su desastrosa gestión política en otros ámbitos, Mas tenia razón. Se trata de un pueblo que demanda la palabra. Se trata de un conjunto acotado, lingüístico, histórico y político, que solicita su opinión. Y en ningún caso extensible hacia la opinión de los otros –dígase España-.
La legitimidad, por lo tanto, debe prevalecer ante la legalidad; pues el orden de los factores si altera el producto; Democracia, equivale a legitimidad, que, a su tiempo, equivale a legalidad. La ley no legítima –y menos si es democrática-. Por lo tanto no puede ser un argumento válido.

DÉFICIT FISCAL
Dicho lo anterior, cabe resaltar el factor económico. A día de hoy se han publicado los Presupuestos Generales del Estado (PGE). En él se dictamina una inversión del 9,5% del Producto Internacional Bruto (PIB) para Catalunya.
Dada esta información; ¿Qué tiene de relevante ese maldito PGE? Sencillamente que el peso del PIB catalán dentro del Estado español es de un 19%. O, dicho de otro modo, lo que recauda el estado en Catalunya es la mitad de lo que se invierte en ella  por parte de la Administración Central del Estado.
Se trata, pues, de un déficit fiscal cercano al ciento por ciento. Incluso, se llega a decir desde los medios de comunicación catalanes (La Vanguardia, (2/X/2/14)) que es la inversión más pobre hecha nunca en Catalunya en los últimos 17 años.
Si esto es cierto, el Gobierno de España, ¿no quiere parar de crear a independentistas –como mínimo fiscales-? Pues la fisura entre la solidaridad y la usurpación es cada vez más cercana.

ESCOCIA Y CATALUNYA
Se ha hablado mucho entorno a las similitudes y diferencias del referéndum escocés con respecto a la pretensión de consulta que se espera para el 9 de noviembre en Catalunya. Sin embargo, ¿Son tantas las diferencias?
El primero es un argumento histórico, que habla de la supuesta independencia del Reino de Escocia con respecto al Reino Inglés; hecho que validaría una hipotética pretensión de retorno al status quo anterior. Ciertamente, la historia es una ciencia muy inexacta y se debate entorno al hecho de que Catalunya haya sido en algún momento ”realmente” independiente. No obstante, el debate no debe centrarse en la historia y en sus derechos inertes, pues todo aquello ya es pasado. La realidad debe centrarse en los hechos consumados actuales y en valorar las vigentes circunstancias.
La historia catalana –haya sido o no un reino independiente- debe computarse desde la vigente pretensión del pueblo que la conforma. En este caso, la actualidad es imperativa. Y en ello debo remitirme a lo dicho en el primer punto: la democracia debe ser la guía absoluta hacia cualquier quehacer futuro.

En ese sentido, si que debemos aprender; no de Escocia. Del Reino Unido, que, conjuntamente ha decidido dar la palabra al pueblo escocés para que se pronuncie. El resultado será, en este sentido, aquel devenir de un país en el futuro.

viernes, 25 de octubre de 2013

Sobre la "doctrina Parot"

Para sintetizar, la doctrina Parot se basa en un principio popular muy conocido: “hecha la ley, hecha la trampa”. En este sentido, como bien se sabrá, la ley tiene siempre un substrato teleológico o, dicho de otro modo, se proyecta sobre un “por qué”. Así, el Código Penal de 1973 –aplicable en las sentencias anteriores al Código Penal de 1995, en el que se eleva la pena a cuarenta años de cárcel- consideró que la pena máxima de cárcel aplicable sobre un reo seria de treinta años ¿Por qué? Porque el legislador consideró contraproducente extender las condenas más allá. Así, cualquier condenado, fuera a los años que fuera –cientos, o miles, quizá- siempre quedaban reducidas a treinta, y sobre esos treinta años se aplicaban los beneficios penitenciarios correspondientes.
Sin embargo, como la justicia española ha tenido algunos tics totalizadores, el Tribunal Supremo decidió, en 1996 y mediante una acrobacia jurisprudencial, decidió romper con la finalidad de la ley –esto es, el trampeo legal al que se refiere al principio del texto- y, así, negar los beneficios penitenciarios a los reos por delitos, especialmente, de terrorismo ¿Cómo? Considerando que, solo a este tipo de reo, se debían aplicar los beneficios penitenciarios sobre cada una de las condenas. Así, si al resto de la población reclusa se le aplican los beneficios penitenciarios sobre los treinta años -aunque hayan sido condenados, supongamos, a trescientos-, a los terroristas se les aplican los beneficios sobre cada uno de los delitos cometidos, de modo que al acumular una pluralidad de los mismos, siempre se termina superando el umbral de los treinta años.
Lo explicado hasta ahora debe llevarnos a ciertas reflexiones; la primera es ¿qué es el terrorismo? Y ¿por qué merece un trato desigual al resto de delitos? El Código Penal, que tipifica el delito básico de terrorismo en su artículo 572, no dice nada respecto al mismo; pues lo define a través de noción de “organizaciones o grupos terroristas”. En tanto que la definición parte de lo definido, el Código Penal incurre en una tautología y por lo tanto, nada alumbra con respecto a lo que pueda distinguir el terrorismo del asesinato. En conclusión, y por economía procesal, el terrorismo no debería distinguirse del asesinato, más si se considera que ambos cargan con la misma penalidad. Por otro lado, considerar la sustancialidad del terrorismo es imposible sin caer en la arbitrariedad de dar algo ya por supuesto, esto es, que algo ya es de por sí “terrorismo”.
Sin embargo, no existe duda alguna de que este círculo ambiguo al que llamamos “terrorismo” genera una especial repulsión en la sociedad. Dentro de ese “ya dar por supuesto”, los “terroristas” merecen, a ojos del ciudadano un castigo ejemplar. La justicia se ha hecho eco de este rechazo y ha decidido trampear la ley con la doctrina Parot; de modo que, contraviniendo la finalidad de la ley misma y respecto a la cual se sujeta la justicia, se busca un hueco legal para cargar con el “terrorista” de un modo especial al resto de reos. Sin embargo, un sanguinario asesino que acumule delitos que no sean tildados de “terrorismo” puede gozar de los citados beneficios penitenciarios. Es evidente que algo chirría en todo lo dicho hasta ahora.
La repulsa, totalmente legítima y comprensible, de los asesinos –terroristas o no-, no debe llevarnos a una confusión en torno a lo que significa nuestro derecho penal. Muy a menudo escuchamos aquello de “se debe hacer justicia” y, ciertamente, se debe. Pero en ese comentario subyace casi siempre la idea retributiva de la justicia –esto es, ojo por ojo, diente por diente-, que contraviene la finalidad reinsertiva que le reconoce la Constitución misma a los presos. En este sentido, los beneficios penitenciarios deben ser entendidos en la línea de la reinserción del reo hacia una sociedad normalizada. Privarlo, sin embargo, de estos beneficios es una infracción clara del precepto constitucional que vincula la cárcel con la reinserción.
En conclusión, la doctrina Parot ha sido una praxis antijurídica desde las diferentes perspectivas en que se mire. No obstante, cabe dejar claro que el presente escrito no pretende hacer apología alguna de los asesinos. Por otro lado, desde aquí también se entiende el infinito dolor de la víctima y la voluntad visceral que el asesino reciba el máximo castigo. Sin embargo, el legislador determinó una voluntad al definir la ley y el poder judicial debe someterse a la misma. Por fortuna, parece que el Tribunal de Estrasburgo obligará a corregir esta grave anomalía jurídica.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Independentismo: algunas explicaciones

Creo que, llegados a este punto, se debería poder explicar en castellano por qué gran parte del pueblo catalán ha decidido emprender la senda independentista. No hay un motivo exclusivo, sin embargo, la conjunción de diversos aspectos pueden dar con alguna explicación ¿Por qué esta nueva posición del pueblo catalán? En primer lugar, habrá que mirar la historia reciente entre Catalunya y España.
Recordemos los hechos. El Parlament de Catalunya, donde reside la voz del pueblo catalán, votó por amplia mayoría un nuevo Estatuto de Autonomía. El famoso Estatut siguió su tramitación pasando por las Cortes españolas donde fue significativamente modificado para lograr que éste encajara con la Constitución. Tras alcanzar, finalmente, un acuerdo in extremis entre PSOE y CiU el Estatut ya reunía el quórum parlamentario requerido y fue entonces sometido a referéndum donde recibió el apoyo de la gran mayoría de los electores catalanes. Catalunya había hablado.
Sin embargo, en julio de 2010 el Tribunal Constitucional resuelve un recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP, fallando en contra de la constitucionalidad de  artículos muy significativos del texto estatutario y reinterpretando la gran mayoría de ellos en términos restrictivos. En ese instante se produjo una gran detonación. La voz del pueblo catalán y su relación con España no estaban acordes con los principios básicos ordenadores del propio Estado español. El pueblo catalán empezó a encontrarse ante un callejón sin salida.
Las reacciones desde Catalunya no se dejaron esperar. Pero ¿por qué los catalanes no se amoldan a lo que dicta la Constitución española y no ceden a ella? Porque la voluntad del pueblo ante el cambio de relaciones era muy firme y, ya hacía tiempo que había síntomas de incomodidad con el viejo status quo. Así, desde una de las posiciones se propone un nuevo camino para trazar juntos. Sin embargo, la cerrazón de la otra sigue imponiendo la vieja y obsoleta vía por el que el otro no quiere andar más. La reacción ha acabado siendo la búsqueda de un camino propio y ajeno. Y así lo ha hecho Catalunya.
Por otro lado, ha sido evidente que la comprensión que se ha mostrado el resto de España respecto a las reclamas catalanas ha sido exageradamente nula y ello se ha traducido en descalificaciones de gran calado, que no han hecho más que exagerar el sentimiento de los catalanes de querer romper la senda caminada junto a España. No puede sostenerse un matrimonio donde uno está sometido a insultos y vejaciones.
Y, lógicamente, siempre habrá quien dirá que esto lo empezaron los catalanes con su espíritu de grandilocuencia. No lo creo cierto en absoluto; Catalunya simplemente ha expresado un modo de ver las cosas que, como se ha dicho, cierto es que cada vez es más tendente al independentismo. Pero no por ello hay que faltar el respeto a nadie y menos a un colectivo como es el pueblo catalán. No obstante, quiero acabar este párrafo con un apéndice; pues a veces ciertos sectores del independentismo han faltado el respeto a las enseñas españolas. Para nada puedo compartir esta posición y no creo que sea la mayoritaria en Catalunya. En todo caso, ningún insulto debe escudarse en estos episodios que en nunca deben ser representativos de la totalidad del pueblo catalán.
Se ha hablado también del independentismo sobrevenido por cuestiones económicas. Cierto es que Catalunya es contribuyente neto respecto al conjunto del Estado, pero también sucede lo mismo con Madrid y Baleares, y no reclaman la independencia. Así, se puede aceptar que el factor económico pueda ser relevante pero solo cuando ya hay un poso muy marcado generado por otros motivos.
En este sentido, cabe tener en cuenta algo muy fundamental: Cataluya dispone de lengua, cultura e insignias propias. Así, cabe destacarse que las personas, por esencia, necesitan sentirse vinculadas a un lugar y, a su vez, a una comunidad. Esto es así en todo el mundo, incluso en aquellos que se declaran netamente antinacionalistas –hecho que yo llamo la “falacia antinacionalista”-. La razón de este vínculo no debe ser excluyente –aunque en muchos casos, cierto, lo ha sido- y quien se vincula a algo concreto no debe odiar a lo distinto, pues gracias a esa distinción se genera, en muchos casos, cultura.
Es por ello que en Catalunya, hay un gran arraigo hacia elementos culturales propios y diferentes a los que puede representar España. En este sentido es perfectamente legítimo que las personas puedan sentirse más o menos vinculadas a lo que pueda representar Catalunya o España. Asimismo, creo que es un motivo sencillo de entender, que hay personas que se identifican solamente con Catalunya, hecho que no debería llevar asociados más problemas. Sin embargo, la mera vinculación con una realidad cultural concreta sigue siendo motivo de insultos y vejaciones, hecho que lo único que genera es cada vez más sentimiento de desarraigo respecto de España y, consecuentemente, un aumento del sentimiento independentista.

sábado, 6 de abril de 2013

Cáncer


Cáncer. Redundante entorno al título. Cáncer; que, como término, debe, sin embargo, normalizarse en su utilización y requiere comenzar a romper eufemismos atávicos que remiten a una enfermedad letal y, a su vez, cada vez más corriente. Y dicha enfermedad, debe ser nombrada sin subterfugios lingüísticos: Cáncer.
Cáncer; retomando y redundando en un segundo párrafo que repite e intensifica su temido nombre, mientras que, a su vez, pretende ir desmoronando ciertos prejuicios vinculados entorno a  la enfermedad tabú; aquella que solo producía –y produce aún- defunción “tras una larga enfermedad”.
La realidad, sin embargo, es que, como remiten los versos de Jorge Manrique, “nuestras vidas son los ríos/ que van a parar a la mar,/que es el morir”. Y, ciertamente, la enfermedad no entiende de distinción; pues “allí los ríos caudales/ allí los otros medianos/ y mas chicos,/y llegados son iguales”. Versos muy pertinentes hacia algo que no prejuzga prioridad en la predisposición a la afección. El Cáncer afecta a todos e indistintamente.
Esa indistinción, sin embargo, cae en el error que el paciente de Cáncer mediatizado se percibe como alguien igualmente desigual. Ante todo debemos preguntar; ¿Es que no presuponemos que el ser humano es igual, sanitariamente en cada uno de sus aspectos? ¿Quizá afecta distintamente esta enfermedad a un personaje popular que a un verdadero ignorado o marginado social? La respuesta es evidente y cabe subrayarla: Somos socialmente discriminatorios.
Entorno a ello, se han producido polémicas absurdas –tales como que alguien que gozara de apoyo popular pudiese ser beneficiado por un tratamiento de la enfermedad que, parafraseando a Manrique, no entiende de caudales-. Sin embargo, los virtuosos que, por fortuna, han salido adelante, venciendo las vicisitudes de esta grave dolencia y se han incorporado a sus antiguos oficios, tienen muy mucho de ejemplar; pues demasiados son los que quedan ocultos e ignorados por el gran velo del desconocimiento popular.
Pero, lejos de menospreciar el rol de estas personas, su papel es cada vez más relevante. Personas que, en tanto que seres humanos, se sujetan a las leyes de la vida y de la muerte e ignoran su popularidad. Son personas que han batallado contra una grave enfermedad y que, por fortuna, la vencieron. Personas que, en la medida que son representativas de una colectividad, extienden su actitud ejemplarizante hacia el colectivo al que se someten mientras que su actitud remite al pequeño desconocido que, como él, tuvo que enfrentarse a la enfermedad, sin obviar que, pese a todo, no pudo olvidar la arbitrariedad de la alea.
Este texto, sin embargo, más allá de lo que se ha podido exponer, pretende insuflar optimismo hacia tan cruel enfermedad y, ante todo, hacer una apología del sustantivo que la nombra; esto es llamar Cáncer a aquello que lo es, sin más ni menos -ni subterfugios fatuos de la palabra que lo define-: Cáncer y nada más.

Por lo dicho con respecto a la relevante implicación pública y a la normalización del Cáncer, este artículo se dedica especialmente a Fransesc Vilanova y a Éric Abidal.

domingo, 24 de marzo de 2013

Quebrantamiento de la seguridad jurídica


Parece que, finalmente, se ha llegado a un acuerdo entorno a la responsabilidad que tendrán los depositários chipriotas con respecto a sus ahorros. Según las últimas noticias se aplicará un -¿gravamen?- de entorno al 20% sobre los depósitos superiores a 100.000 euros.
Dicho esto, todos podemos concluir lo mismo: no pasa nada, solamente se gravará a los depositantes más ricos; estemos tranquilos. Solamente y, además, de entre estos ricos, más de una tercera parte son millonarios rusos que se aprovecharon del régimen fiscal favorable que les ofrecía Chipre –eufemismo que encubre el decir que este estado, es y ha sido, en toda regla, un paraíso fiscal-. Así, ofreciendo unos tipos impositivos desproporcionadamente bajos con respecto al resto de países de la Eurozona, Chipre hizo –quién sabe porqué- caso omiso a una situación anómala, por otro lado, muy previsible, y la Eurozona hizo la vista gorda, otra vez –como  lo hizo, asimismo, con la anomalía que yacia en el gravamen del impuesto de sociedades de la rescatada Irlanda; o, quizá, con respecto al insuflamiento casi ilimitado de dinero por parte del impoluto germánico a la exponencial creciente deuda griega; o sola e inocentemente a los fondos de alto riesgo que, desde el luteranismo ahorrador que propugnaba la Sra. Merkel, inyectaba dinero a grandes proyectos ineficientes a la vez que se hinchaba nuestra burbuja inmobiliaria-. En todo caso, la Eurozona solo se preocupó de expandir su moneda a tantos países como pudiera. La regulación, en todo caso, se generaría por virtud sacrosanta del libre mercado.
Llegados a ese punto, nadie puede negar el juego sucio de Chipre; captador de capitales en una Eurozona alérgica estos procederes. Sin embargo, tras las regulaciones pertinentes, Chipre fue admitido como Estado miembro y, en tanto a su estatuto, gozaba y se obligaba a los dictámenes de la moneda común. Ingresado ya en el Euro, Chipre continuó engrosando su sector bancario muy mucho; casi hasta sin ver el fin. Llegó a tal engordo que este mismo cuadriplicaba la riqueza media de la isla griega -esto es, el PIB de Chipre era tan solo una cuarta parte de lo que generaba su sector bancario-, fagocitando más y más capital, hasta el destino final e inevitable: El colapso.
Fue entonces cuando Chipre, sometido a una banca nacional en plena quiebra, llamó a las puertas de la Unión. La situación era ya insostenible. La UE y, en particular, la Eurozona, tras ciertos castigos sufridos y el runrún de los que se avecinaban, se dotó de mecanismos para salvaguardar a sus Estados miembros de un colapso genérico. Así fue como la UE, sumida en grandes incertidumbres, decidió crear un seguro bancario, siendo ella misma la prestataria en caso de siniestro. Todos sonrieron felices, entonces; pues no podía haber mayor aseguradora que la institución misma que había creado el Euro.
La garantía que se ofreció, transcurriendo por aquel entonces el año 2009, fue un seguro absoluto sobre todos los depósitos inferiores a 100.000 euros. El caos, sin embargo llegó para finales de marzo de 2013, cuando la quiebra del sector bancario chipriota requiso de la ayuda comunitaria. Entonces, en un primer momento, se planteó un gravamen algo superior al 6% para los depósitos cubiertos en virtud de esa cantidad. La repercusión inmediata fue la ruptura del sistema de seguros que recaía sobre los depósitos inferiores, asegurados por la propia UE mediante distintos mecanismos -el FROB en el caso español- ¿Era una quiebra, pues, de la misma institución comunitaria? La respuesta, días después, ha sido que dicha carga habría supuesto una violación del principio de seguridad jurídica.
No era entonces un problema chipriota. Lo que se ponía en duda era que aquellos Estados que se encontraban en una situación de fragilidad económica y que, en un plazo medio, podían incurrir en un rescate, pudieran incurrir, a la vez, en alguna medida arbitraria, como la impuesta a Chipre.
Ciertamente, lo más grave de todo lo acontecido es sin duda, este ultimo punto. Pues es una garantía jurídica que cuando alguien dispone de unas condiciones suscritas contractualmente, estas son vinculantes para ambas partes y, sobretodo; que nadie, ni ningún factor exógeno puede unilateralmente cambiar lo acordado. Este principio fundamental, básico y, casi, constituyente del derecho civil de todo régimen constitucional, se ha visto violado en esta ocasión. Dicha violación no es una afección sobre los más ricos –como hemos anticipado al principio-. Esto es, sin embargo, una afección sobre sobre el conjunto de las personas; pues jamás puede justificarse que lo acordado en vínculo jurídico pueda ser substancialmente modificado.
Cabe decir e insistir, ante todo, que esto no es una defensa a los más pudientes -mucho dista de serlo-. Es, fundamentalmente, una defensa de la seguridad jurídica; una defensa a que la suscripción de unas condiciones no puedan ser modificadas arbitrariamente según criterios de necesidad. Todos y cada uno, debemos ser conscientes del valor de la seguridad jurídica; pues sin su presencia no habría garantía de nada. Lo que se presenta aquí es, ante todo, una apología al contrato; nada más. Pues su vinculación permite disponer de las garantías de cumplimiento de los derechos y deberes suscritos y, en último termino, es el fundamento del mantenimiento del orden público.
Por todo ello y por las implicaciones mayúsculas, que superan los ricos y pobres, el cumplimiento del deber contractual frente a la arbitrariedad quebrantadora, debe ponderarse como algo mucho más preciado a los efectos nocivos de los injustificados incumplimientos. Pues, en esencia, la seguridad jurídica es el tronco común que permite la evitación de todos los desvíos que pueden acarrear efectos nocivos sobre cada uno de nosotros. Seamos o no chipriotas.

martes, 19 de marzo de 2013

Chipre: pormenores de un rescate


Nos llega la triste noticia del rescate a Chipre. Rescate copagado, sin embargo, y de modo igual, desde las mismas arcas chipriotas y desde la troika (BCE, FMI y Comisión Europea). El 50% del mismo lo cubriran los tenientes de depositos en bancos de este país, el resto se cubrirá entre todos.
Este rescate contiene, sin embargo, distintos aspectos que deben salir a la luz:
1) Chipre ha sido un paraíso fiscal integrado en la Eurozona. El beneficio fiscal obtenido por la deposición que han ofrecido los bancos y las autoridades chipriotas ha sido muy, muchísimo, mayor a la media de los países que tienen como moneda el Euro. Lógicamente eso ha conllevado que muchos inversores recurrieran, alocadamente, a la disposición de sus ahorros en dichos bancos, preferiendo éstos a los de cualquier otro país de la UE. La responsabilidad de ello es, lógicamente, compartida: el gobierno chipriota se beneficiaba de la gran cantidad de capitales que descansaban en sus bancos; mientras, la UE –incomprensiblemente- obtuvo los réditos correspondientes a Chipre como Estado Miembro -y paraíso fiscal- sin verificar sus condiciones económicas para poder dar suficientes garantías como miembro de la Eurozona.
2) No todos los tenedores de depósitos son iguales. Aún siendo Chipre un paraíso fiscal, no todos los depositantes de dinero en sus bancos han sido igualmente castigados -hay que decir, hoy, que la UE estudia imponer unos tipos más equitativos-. Sin embargo, la misma Unión ha trasladado hasta ahora el castigo por disponer de ahorros en los bancos chipriotas, en un castigo igual a las grandes fortunas y a las pequeñas; pues los tipos de retención estipulados son los siguientes; mientras los grandes capitales (más de 100.000 €) gravarán un 9,9%, el tipo impositivo para los ahorradores de depósitos inferiores a 100.000 € será del 6,75% .
Es evidente que, si se tuviera que hacer frente al rescate mediante al ahorro, los tipos son demasiado onerosos; pues una familia –póngase, de media, una numerosa, de cinco miembros- que dispusiera de un ahorro en depósito –imagínese, de 20.000 €-, y que dichos ahorros fueran la base para poder sostener –sobrevivir- el día a día; dicha familia seria castigada con la imposición de 1.350 € -cantidad nada negligible para un pequeño ahorrador-.
3) El beneficio fiscal se atribuye, casi excluivamente, al capital extranjero. Los ciudadanos, en su amnesia –o indiferencia- colectiva, no ha hecho nada para cambiar la situación. Todos sostuvieron una situación económicamente insostenible; el dinero facturado por el sector bancario chipriota fue cuatro veces superior al mismo PIB del país. Es evidente que esta rátio es insostenible en cualquier estado con tributaciones normales. Sin embargo, mientras el ciudadano común chipriota tributaba a unos tipos insoslayables, han sido las grandes fortunas las que han depositado dinero sobre los bancos del país, buscando el mayor beneficio fiscal -y lo han obtenido-. De ahí el súbito interés de los gobernantes rusos –Putin y Medvédev- en que no haya afección alguna sobre el dinero depositado en los bancos del país isleño.
4) Quiebra la aseguradora más fiable: la Unión Europea. El periodo 2008-2009, previa evidencia de una inminiente crisis económica paneuropea y de consecuencias indeterminables, se decidió crear un seguro para todos los depósitos bancarios inferiores a 100.000 €. No era un seguro privado; lo garantizaba la mismísima Unión, mediante mecanismos heterogéneos. Es evidente que el recargo impuesto ahora sobre los depósitos chpriotas rompe con una norma aprobada en las más altas instancias de la Unión. Una norma que en España logró inducir a muchos ahorradores a disponer, en tiempo parcial de su dinero en depósito, conociendo el aval que garantizaba la UE con el Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria (FROB).
Sin duda, un severo golpe a la seguridad jurídica de la UE, con consecuencias inconmensurables.