BlogESfera. Directorio de Blogs Hispanos escritos -reflexions variades-: octubre 2011

jueves, 20 de octubre de 2011

Tras el “cese definitivo” de ETA, ¿qué debemos hacer?

Parafraseando a Fernando Fernán Gómez cuando encarnaba a aquél lúcido maestro republicano en el filme La Lengua de las Mariposas podemos decir aquello de que “el lobo nunca dormirá con el cordero”. Ya se había incluido dicha cita en éste blog. Este aforismo, sin embargo, tiene ahora una especial vigencia; pues conlleva la asunción de que, en todo proceso violento, la víctima no puede equipararse jamás con el victimario. Cuando se ha pretendido hacer tabula rasa, la violencia en algunos casos ha remitido, pero la herida abierta ha continuado supurando. Y este debe de ser uno de los puntos fundamentales sobre el que se constituya el proceso de pacificación de Euskadi. En este sentido, hay que partir del hecho, pues, de que la paz no solo es la ausencia de violencia sino la normalización social de la convivencia.

Hoy, por fin, se dió la noticia que centrará las portadas de todos los diarios del Estado. De hecho, la noticia en si, yace, sobretodo, en el momento más que en el fundamento. Pues tras la Conferencia de Paz de esta semana (esa en que, según ciertas voces político-mediáticas, reputados representantes de la esfera internacional se subyugaron frente a ETA) era una cuestión de días. Hecha ya la declaración formal del abandono de las armas, hay que plantear, con serenidad el proceso de disolución y, lo más delicado: tras 829 asesinatos en las espaldas –y en la memoria de quienes los sufrieron-, se debe rehacer un escenario donde dicha normalización pueda ser posible y sostenible. Donde todos los ciudadanos vascos puedan desarrollar sus vidas con el mayor grado de normalidad posible.
Es evidente que, ante todas las posibilidades que se plantean, la cultura política y social de este país no permitiría una amnistía como la vivida en Israel esta misma semana, donde cientos de presos con delitos de sangre –y graves- han sido eximidos de sus penas penitenciarias para que la otra parte del conflicto pueda conseguir el regreso de un soldado secuestrado desde 2006. Uno, sí. Tan solo un “simple” soldado. Este, y no otro, ha sido el motivo por el cual el gobierno más ajeno a las reivindicaciones palestinas ha hecho esta “afrentosa” cesión. ¿Cómo es posible someterse a tal “chantaje”?, deberían preguntarse la gran mayoría de los españoles. Pues por una cuestión de cultura política. Aquí, sencillamente, ha arraigado con una fuerza indeleble que todo lo que tenga que ver con aquello que ETA reivindicó, siempre, inevitablemente, estará manchado por sus crímenes.
La realidad, sin embargo, es que ETA ha renunciado a su mala praxis. El resto de los ciudadanos no podemos permanecer ajenos a este hecho. Como la noticia –ya se ha dicho- no viene por sorpresa, hay que dilucidar las líneas de actuación que se deben seguir a continuación. Desde mi humilde posición de inexperto en procesos de negociación, en cambio, debo admitir que tan solo me atrevo a determinar lo que no debemos hacer. Y eso es, precismanete lo que vienen haciendo, hace tiempo ciertos sectores de la sociedad vasca-española (aquellos mismos que se ofuscan en ir extendiendo, más y más, esa lista que llaman ETA-Batasuna-Sortu-Bildu-“colaboracionistas”-etc., y que, al fin, acaba por aplicar el calificativo de “etarra”, incluso, el más pacifista de los soberanistas).

Prueba de esta tendencia es el artículo de Fernando Savater en El País, del 11 de marzo, en el que opta por alabar la reciente publicación de una recopilación fotográfica de Willy Uribe donde se captan algunos de los escenarios en los que acontecieron crímenes etarras. Sin entrar en las cuestiones concernientes a su mérito o virtuosismo artístico, pienso que la idea subyacente no deja de condenarnos al eterno enquistamiento del conflicto. Ciertamente, el acto criminal es del todo vomitivo. Los que lo han sufrido saben y guardan en sus memorias los lugares donde las vidas de sus seres queridos fueron sesgadas. Cada cual deposita, muy particularmente y a su modo, un contenido o una significación en cada uno de los respectivos lugares donde la tragedia propia aconteció.
Pero pretender, sin embargo, universalizar algo que yace sobre una esfera puramente privada equivale a colectivizar lo que, por esencia, no puede evitar ser siempre particular. Pues no hay que confundir la desmemoria con la pretensión de extender a todo el mundo las significaciones que cada cual haga recaer sobre los escenarios donde el terror, en algún tiempo, extendió sus viles tentáculos. Si así se procediera, todos, permaneceríamos en un estado de continuo duelo -ya que pocos son los espacios vírgenes a la inmundicia-. Si pretendemos salirnos de esta, hay que evitar que la víctima rote circularmente en un bucle indefinido de odio que le impida dar pasos en firme hacia la paz. Perdonar o no es una decisión totalmente unilateral y respetable. Pero responder a la violencia con un odio incesante –y, por ende, con más violencia- condena a la herida social a no cicatrizar jamás.
Y, sobretodo, hay que decir, muy claro, que es sumamente perverso titular a éste artículo “Verificacion”, haciendo un vil juego de palabras en el que se pretende suplantar el adjetivo que los etarras usaron en su momento para calificar su “alto el fuego” con ese absolutismo de la Verdad, donde lo único veraz pretende ser aquello que él mismo (Savater) determina.

Por otro lado, no hay que olvidar el artículo de Rosa Díez en su blog –aquella señora que hizo apostasía del socialismo por considerarlo una fuerza blanda frente a los criminales-. En él, equipara a ETA con el nazismo y cree necesario un juicio al estilo Nuremberg para lograr, no solo ajusticiar a ETA –cosa que, muy efectivamente ya viene haciendo la Administración de Justicia del Estado- sino también depurar al País Vasco de aquellos que, en su día, fueron “colaboracionistas” o, incluso, “tibios” frente a los que negaron la libertad y la democracia del País Vasco. No hay duda de que la parxis etarra ha sido un veneno profundamente dañino y antidemocrático, pero conviene no olvidar que quien se hincha la boca de "democracia" están haciendo uso de un termino en el que yace un poso sentimental tan potente que puede ser fácilmente manipulable. A menudo, aquellos que distan mucho de creer en su verdadera esencia o que, se ofuscan en exceso por tenerla como un absoluto amoldado a su modo de pensar, terminan por negarla. Pues a nadie escapa que, al fin, absolutismo y democracia son términos antitéticos.

Repito: como en el caso de Savater, no es la solución. No lo creo. Hay que saber tomar distancias de todo ello –que no olvidar-. Este articulo, al fin, por reiterativo puede resultar redundante. Pero es fundamental dar un paso atrás. Y no para ceder frente a nadie, sino para ver las cosas con más claridad. Pues la excesiva cercanía –o, dicho de otro modo, cuando los sentimientos están demasiado latentes- las cosas no pueden dilucidarse con la claridad que requerirían. El reto está por delante. No lo olviden.

sábado, 15 de octubre de 2011

La dación en pago: ¿es la solución?

Ante esta crítica situación, cada vez más, se han multiplicado las voces que han solicitado la llamada dación en pago, mediante la cual, la dación del inmueble hipotecado implicaría la liquidación de la misma hipoteca contraída. Ha habido unanimidad entre los “indignados” respecto a la incuestionabilidad de este procedimiento como, asimismo, la hay, también, entre la mayoria social. La banca ha sido irresponsable. Muy irresponsable. Tanto en las altas tasaciones de los immuebles como en la fácil concesión de crédito, casi sin avales, que tuvo lugar en tiempos de vacas gordas.
La dación en pago, sin embargo, ha encontrado una permanente obstrucción parlamentaria. Los dos “grandes” del panorama político español han bloqueado cualquier proposición de ley que pretendiera incorporar este mecanismo dentro de la legislación española. El motivo era que la dación en pago no solucionaba los fundamentos del problema. Y, ciertamente –aunque la verdadera motivación “fundamental” de PP y PSOE yazca en otros ámbitos-, hay que decir que tienen  razón. ¿Por qué?
Fundamentalmente por un motivo. El interés (aquello que el deudor debe pagar de más como compensación a la dación del credito) se basa en un acuerdo contractual que, a su tiempo, tiene origen en la misma ley de la oferta y la demanda. En un tiempo –y una coyuntura- determinada, el deudor y el acreedor fijan unas condiciones. En caso de incumplimiento, el deudor deja a manos del acreedor el bien sobre el cual recae el pago del crédito. Si la dación en pago fuera autorizada por ley como mecanismo de ejecución hipotecaria, el acreedor determinaria unas nuevas condiciones de juego. Pues en la legislación vigente –esto es, la actual-, este último sabe que tiene ventaja. Sin embargo, una reparación legislativa que equiparara a ambos –mediante la autorización de la dación en pago– provocaría que el acreedor -ya de por si tacaño en estos nuevos tiempos- exigiese un mayor esfuerzo al deudor. Eso es lo que, en términos económicos, se denomina “riesgo”.
 Ciertamente, el tipo de interés es el indicador de riesgo. Ahora, más que nunca, es fácil apreciar en medios de comunicación este carácter. La mediática “prima de riesgo”, por ejemplo, no es otra cosa que el diferencial entre el interés que un Estado debe pagar por sus bonos a un plazo de diez años, en comparación con las obligaciones alemanas –que se consideran, de facto, las más seguras de Europa-. En la economía capitalista, nadie da “duros a pesetas” y, siempre, el interés exigido será mayor cuanto mayor sea la posibilidad de impago.
¿Y todo ello que tiene que ver con la dación en pago? Pues, sencillamente, que la autorización por ley de la misma conllevaría, en la medida que los acreedores se verían sometidos a una mayor exposición al riesgo, a un aumento de los tipos de interés. Este extremo, en un contexto económico como en el que nos movemos, seria fatídico. La economía, en una fase de incertidumbre, tendería a la contracción. El movimiento del dinero se ralentizaría y, asimismo, los tipos que se fijaran entre los mismos bancos –determinado, globalmente, por el Euríbor- aumentaría. Y, aún más, como consecuencia de todo ello, aquellos que tenían la hipoteca sujeta a variables se verían sometidos a un esfuerzo mucho mayor –y aumentando, a su vez, los casos de impago-.
Así, ¿por donde pasa la solución? Pues remontándonos muy anteriormente a todo lo planteado. La solución es muchísimo más fundamental. Hay que introducir nuevos mecanismos reguladores que eviten el desencadenamiento de este camino sin salida. El legislador debe empezar a trabajar desde ahora mismo y con vistas a un futuro a largo plazo. Lo que vivimos hoy es fruto de la adopción global de la doctrina neoliberal y, su solución, solamente puede pasar por combatirla per se y, en ningún caso, mediante parches coyunturales. La dación en pago no es, pues, la solución.
¿Y todas aquellas familias desahuciadas? ¿Y todos los que pierden su vivienda y quedan sometidos al drama de verse de pies en la calle? En estos casos deben actuar mecanismos de mediación –que la Administración debe ofrecer y promover- y, cuando sea pertinente, exigir responsabilidades civiles o penales a las entidades de concesión de crédito que hayan podido cometer negligencias o delitos. Pero cabe tenerlo claro. La autorización por ley de la dación en pago, ahora por ahora, sólo implicaría una cesión temporal en un ámbito muy incierto y la consolidación de un problema de naturaleza mucho mayor.

jueves, 13 de octubre de 2011

Eugène Carrière i les figures espectrals

En aquells temps on l'Art assentava les bases de les avantguardes i el món de la pintura es trobava dominat per les múltiples derivacions del primigeni impressionisme de Monet i els dels seus deixebles, un francès, un xic oblidat pels manuals recopilatoris més populars de la Història de l'Art, feia una proposta personalíssima i summament interessant. Res tenia a veure amb les importacions artístiques que tan suggerentment van integrar-se a l'Art d'Occident. Ni orientalista, ni africanista ni exotista en general. Tampoc definible pel "sac que tot ho engloba" del, postimpressionisme. I és que, difícilment, podria catalogar-se pels clixés dels ismes. Ell preferia fer-se dir el "solitari".
Més aviat, les seves figures semblen enterbolides per aquella boira que desdibuixava els contorns en els primers negatius fotogràfics. D'aquest vel misteriós sobreeixen certes formes. Uns ulls o el perfil d'un nas. Sovint recorden aquells autoretrats de Rembrandt, coberts de l'aula màgica del clarobscur que mostraven una part del rostre i mantenien oculta l'altra. Posseeixen, així, la màgia pròpia d'allò que es ensenyat parcialment i deixa per a la intuïció la resta. En Carrière, els contrastos tenen, però, una intensitat lleu. Doncs tot apareix cobert per una superfície cromàtica d'una tonalitat bastant homogènia però que, tanmateix, sap fer, subtilment, despuntar allò que interessa en cada moment.
Així és com Carrière va esdevenir una mena de curiós escultor pictòric al qual va rendir-se el mateix Rodin. Aquest sobreeiximent místic de les formes era, d'alguna manera, un del fonaments que va aplicar el més reputat dels escultors francesos del XIX i, alhora, el casava, d'alguna forma, amb aquelles figures inacabades que Miquel Àngel va elaborar per al gran mausoleu de Juli II i que semblaven reivindicar-se des de la naturalesa amorfa de la matèria. S'entreveia allò just i necessari. Només allò fonamental per a configurar una vaga pregiguració del que es volia mostrar i, tanmateix, allò rellevat havia de ser tant essencial i explicatiu com divagatòri i misteriós. Tot plegat, és l'ambigüitat pròpia d'allò que s'esbossa sense definir-se. Un difícil i fenomenal equilibri.
La limitada paleta cromàtica, en aquest cas, ajuda; i molt. I, tanmateix, la pintura no és gens aliena als seus temps. L'obra de Carrière sembla reivindicar-se com una rèplica a la fotografia des dels mateixos fonaments que aquesta mateixa plantejava. Doncs si, certament, els impressionistes van optar per la clara alienació; per acotar amb claredat les fronteres i les distàncies entre la pintura i les possibilitats artístiques que obria el nou art fotogràfic; Carrière va replicar per la via de l'assimilació i el contrast.


Tot plegat pot observar-se les dues imatges que es mostren sobre aquestes línies (la primera per l'esquerra, un autoretrat). La fotografia, en la captació instantània del rostre, esdevenia encara un mitjà altament vague i imprecís. Calia posar l'accent sobre aquesta vaguetat i suplantar-la per misteri. Calia reproduir una imatge fotogràfica dotada d'una especialitat sacralitat. I, per això, allò representat havia de posseir un caràcter icònic; sent el motiu expositiu principal. Presidir el sopar d'una dilatada família mentre, tots plegats, rendien deferència i se subordinaven a la presidència d'aquella imatge orgullosa.
Carrière va saber conjugar-ho tot plegat. La seva denotació per part de la Història de l'Art actual és curiosa. Certament, l'explicació pot trobar-se al principi d'aquest text. Doncs, com s'ha dit, el pintor no respon amb facilitat als ismes i, la Història de l'Art requereix d'aquest mitjà taxonomàtic per poder exercir la seva feina. Ara bé, potser hi ha un altre motiu. La Història de l'Art va decidir, en algun moment, oficialitzar com a grans aquells que van ser defenestrats per la oficialitat del seu temps -parlant, ara, estrictament, respecte a l'època que pertoca-. Aquesta ciència, es trobava forçada a triar aquest camí per coherència amb la necessària aplicació del principi de linealitat pendular. El que escapés d'ella, difícilment podria trobar lloc. Carrière, curiosament, va obtenir reconeixements en el seu temps. Fins i tot, va exposar en aquells Salons en els quals van rebutjar de base tots els impressionistes. Mentre Manet es consolidava com a alternativa acadèmica, l'obra de Carrière rebia reconeixements de reaccionaries institucions artístiques.
En tot cas, s'ha de saber mirar molt més enllà. Separar-se, temporalment, dels compendis i les recopilacions. Menystenir aquest fals criteri del virtuosisme inherent al rebuig sincrònic. Doncs en molts casos, rere els "solitaris"; és a dir, rere aquells que no es deixen catalogar, apareix un univers artístic autènticament inabastable sobre el qual val la pena entrar-hi.

sábado, 1 de octubre de 2011

Pacifisme bel·ligerant

En aparença, el títol pot semblar un oxímoron; doncs els conceptes llatins de pax i bellum que fonamenten aquests dos termes són, a priori, antitètics. Però a jugar, arrel de la refundació d'aquells partits que en temps pretèrits es van autoanomenar comunistes, el concepte de "pacifisme bel·ligerant" podria ser, probablement, un epígraf definitori amb un alt grau d'efectisme. Més, en uns temps on la condensació semàntica és fonamental. Més encara, quan la comunió d'idees antitètiques desperta una mena d'especial magnetisme. Aquestes dues paraules, segurament, poden oferir un bon rendiment, mesurat en el baròmetre del màrqueting polític.
D'entrada, la idea de casar aquestes dos termes sorgeix d'una contradicció històrica. Doncs pensant en l'esdevenir del comunisme, tant espanyol com català, un pot apreciar com el Partido Comunista de España, per la part espanyola, i el Partit Socialista Unificat de Catalunya, per la catalana, ja no "existeixen". Algú, molt primmirat, pot afirmar que no és cert, que tant el PCE com el PSUC, hi són; ara bé, que es coneixen amb el nom de Izquierda Unida i Iniciativa per Catalunya-Verds, respectivament. Cert, i aquí rau el veritable interès de la qüestió.
Tant el PCE com el PSUC són partits de llarguíssima tradició política. Entorn a ells, a més -i especialment en el cas català- va gravitar la veritable oposició clandestina al règim. Ambdós parits van ser bel·ligerants i, en el seu moment, fins i tot bel·licistes. Doncs no van veure passar la Guerra com quelcom que no anés amb ells, ans al contrari; s'hi van implicar. Hi van participar. Van lluitar, prevenint l'avenç de les forces feixistes. I durant la dictadura, l'activisme polític va aglutinar entorn a ells el veritable esperit de l'esquerra militant.
Arribada la democràcia i desmantellada la URSS, la paraula "comunista" va adquirir un caire pejoratiu suprem. El comunisme s'havia degradat per les males praxis alienes i tothom defugia d'aquesta qualificació; associada ineludiblement al totalitarisme soviètic. I va ser així com els antics comunistes es van refundar, abraçant un nou corrent que la nomenclatura política va titllar d'ecosocialisme o ecopacifisme. Els comunistes esdevenien "ex" i s'alineaven envers a una refundació de l'esquerra. Tot plegat, però, havia de casar amb l'activisme militant. Doncs els ex-comunistes i nous ecopacifistes havien de continuar representant l'esquerra de la socialdemocràcia. Havien de continuar sent "més d'esquerres que els d'esquerres". I això, renunciant a la violència i sent profundament pacifistes.
Així, la idea de "pacifisme bel·ligerant" és, doncs, una declaració de principis. La prioritat, ara, és defensar la pau i la igualtat social, però sempre des d'una posició alternativa. Per coherència ideològica, la bel·ligerància ha de ser sempre crítica i, això, és, inevitablement, contrària al poder. El "pacifisme bel·ligerant" és, sempre, un mitjà i, com a tal, ha d'exercir-se sempre des de l'oposició política. Ara bé, el mitjà pot esdevenir teleològic, en la mesura que es parteix d'un a priori segons el qual la governabilitat plena és inaccessible i que, en tot cas, qualsevol participació en ella ha d'exercir-se des d'una posició correctora.
La refundació del comunisme ha relegat als seus successors a una posició inevitablement minoritària -en tant que alternativa-. Per tant, la doctrina, ara, no pot ser més que aquesta: "pacifisme bel·ligerant". Les fites immediates, doncs, per a aquests partits, no poden ser altres que aquestes.