martes, 11 de julio de 2023
Instituto Salk: el descubrimiento de los muros
miércoles, 5 de julio de 2023
Espacio arquitectónico y Humanidad
Todo acontece. En lo bueno y en
lo malo, en el gusto o el disgusto. Más a la derecha o bien más escorado a la
izquierda. Pero si algo es indudable en todo fenómeno es que acontece. Así ha
sido y será, y sin embargo algo tan obvio siempre acaba pasando desapercibido.
Las cosas, como acontecidas, deben poseer, ante todo, dos elementos sin las
cuales no podrían ser; esto es, el tiempo y el espacio. Kant hizo hincapié en
ello en su Crítica de la razón pura, donde estos conceptos pasarían a
ser los a priori de todo fenómeno
(Kant, 2005: pp. 44-47). Dicho de otro
modo, no podría haber fenómeno sin tiempo o espacio preconcebidos, de antemano.
Así, a modo de introducción, el estudio versará sobre el espacio pues, como se
verá, es el elemento sobre el que la arquitectura moldea y da forma. La arquitectura
y el espacio, pues, serán dos piezas muy vinculadas; una lo necesita, la otra
le otorga entidad.
No obstante, antes de continuar,
debe hacerse una pausa en el camino para determinar algo previo a todo ello. La
arquitectura es el arte del espacio ¿Qué es, entonces, el espacio? La respuesta
no puede limitarse a la mera magnitud que deriva de la aplicación euclidiana y
cartesiana. Si se piensa un espacio cuyas directrices sean las dimensiones de
altura, anchura y profundidad se errará. Si se añade el factor tiempo, puede
completarse, pero no puede ser, tampoco conclusivo. El espacio sin atributos no
puede ser artísticamente abordado y, con ello, se aleja indefectiblemente de la
arquitectura. Así, ¿qué puede ser el espacio desde esta perspectiva?
Moholy-Nagy definía, ante todo, al
espacio como algo dinámico y fluyente cuyos elementos constitutivos –a nivel
arquitectónico- “llevan la periferia al centro y desplazan al centro hacia
afuera” (Montaner, 1999: p. 34). Como aquel que abre las ventanas para airear,
el espacio transmuta como ese flujo aéreo en su proceso de renovación. Por lo
tanto, aquí, se habla de algo que parece ir algo más allá del estatismo de las
tres dimensiones. Sin embargo, ¿qué es el centro? Sigue siendo impersonal. Esta
idea de espacialidad, por lo tanto, se asemeja a la que lleva a Bruno Zevi a
negar la existencia del mismo espacio en la arquitectura griega, al tildar al
templo de simple escultura carente de más y, por ello, de ejemplo de
no-arquitectura (Zevi, 1998: pp. 54-57). Todavía falta buscar otra vuelta de
tuerca. No podemos concebir un arte del espacio en que, o bien este mismo se
niegue o que no se vincule con lo humano –pues entonces deja de ser arte-.
Sin embargo, no puede estar
demasiado lejos del punto de exploración. Quizá valga una reorientación para
ilustrar que, en efecto, los templos tienen espacio. Asumirlo implicaría un
ejercicio de hermenéutica que integraría las diferentes piezas de un santuario.
Sin ir más lejos, en la Acrópolis de Atenas no se puede concebir el Partenón
sin los Propileos, ni la estatua central de Atenea que, a su vez, se remite al
Erecteion. Se pasa del objeto aislado al conjunto ordenado para poder generar
un espacio litúrgico exterior. El edificio genera dicho espacio de dentro hacia
afuera. La celebración de las Panateneas, se desarrollaban, así, como un recorrido
en torno a todo ese espacio dado, otorgándole a él una semántica muy alejada
del espacio cartesiano en que se movería en la contemporaneidad. De repente,
surge una nueva idea de espacialidad donde el ser humano jugaría un papel de
creador e interprete. Esta vez sí, lo humano, lo espacial y lo arquitectónico
se dan de la mano.
Así, casi sin dar cuenta de ello,
se ha quebrado esa idea apriorística kantiana del espacio, para sacar a la luz
algo nuevo: el “lugar” (thopos). Este
concepto remite inevitablemente a esa deidad a la que se remite el origen de lo
circunscrito; aquello cuyas características coinciden dentro de la apertura: el
genius loci. Ese “guardián” del
lugar; de aquello que siempre subyace en ello, allí, el genius loci está presente. Ese daimón
clandestino, se percibe allí donde debe estar. (Norberg-Schulz, 1980: pp.
69-71). Sin embargo, no cabe olvidar que el cuidado yace en manos de la Humanidad.
El genius loci solo puede ser
destruido por aquella civilización que lo encumbró, justo cuando se olvida de
su presencia.
Pasados más de dos milenios, el
espacio, sin embargo, ya opera en términos científicos. A la vez, la ciencia y,
en particular, la técnica, toma el espacio. El propósito de ello no puede ser
más claro: la producción masiva derivada del advenimiento de la Revolución
Industrial, en pleno siglo XIX. La antigua ciudad se degrada y crece hasta
límites insoslayables que la hacen inaprensible en su globalidad. Ello sucede porque
se ha expandido hasta límites que operan en términos regionales, pero el lugar
necesita manifestarse en su debida escala para la cognición humana. Es en esa
fase cuando surge el distrito o barrio, entendido como el ámbito espacial
susceptible de localizar. En ello,
hay que operar de modo similar; pero se necesitaran nuevos términos.
En este punto, el análisis que
plantea Aldo Rossi puede resultar muy útil para poder ubicarse en la nueva
morfología urbana. Así, se debe partir de que las ciudades se constituyen en
distritos –o como se denomine en su caso-.En primer lugar, se constituye un
elemento primario en torno al cual pivotará el tejido urbano basado, a su vez,
en la llamada tipología edificatoria; es decir, el patrón base que la edificación
adoptará en dicha zona (Rossi, 1998: pp. 98-105).
De este modo, se puede imaginar
el barrio del Born de Barcelona. El elemento primario entorno al cual se
estructura éste sería, fundamentalmente, la Basílica de Santa María del Mar. En
ella se apoyaría, de un modo auxiliar el conjunto de palacios de estilo gótico
civil que conforman la calle Montcada. Estos elementos, permanecen inalterables,
como sostén sempiternos del Born in
saecula saeculorum. La edificación, por otro lado, responde a vías estrechas
de relativa ortogonalidad, así como un modelo edificatorio de planta baja y
tres alturas, siendo cada piso más bajo que el inferior a la vez que las
aberturas también tienden a aumentar a medida que descienden.
En el estado actual de cosas,
pues, se ha logrado obtener el modelo interpretativo de la nueva urbanidad y se
ha ejemplificado con un caso particular ¿Pero todo ello, dónde nos lleva? Pues
a determinar cómo se vincula con lo humano. Ese vínculo debe partir de un nuevo
giro de guion. A todo lo dicho y, dentro del ámbito de lo que nos es propio o,
como decía Martin Heidegger, en ese ser-en-el-mundo; ahora está la Humanidad.
Nadie más que ella goza de este tipo particular de territorialidad en la cual
se constituye un hito. Él se eleva como nuestra referencia inmutable; esto es, como
aquello que nos dice nuestro “a dónde”. Ello es el axis mundi, que se alza como un faro que ilumina a todo su
alrededor. Actuando como un compás que se abre y que define el perímetro de
nuestro lugar. Así, se desarrolla el llamado imagino mundi (Norberg-Schulz, 1980: pp. 19-25).
Pero, siempre, volvemos al omphalos. Los griegos situaban un
pequeño elemento lítico para referir y dotar de cierta centralidad al hogar en
tanto que era aquello que vinculaba más que nada al ámbito de lo privado, en
analogía con el ombligo y en la relación maternofilial. Ese espacio, más que
ningún otro, es el que nos pertenece verdaderamente. El vientre maternal es, a
la vez, la conexión con el todo. Su líquido amniótico lo ordenamos con nuestras
propias manos. La morada acoge a cada cual y tal y como es. Por ello, le debemos
su protección de un modo muy especial.
La conclusión de este ensayo,
remite al principio. Así, se dirá que, al fin, en todo yace el acontecer. Toda
intervención en la ciudad debe hacerse en base a lo dicho. Los acontecimientos
siguen una linealidad y, un despunte excesivo puede romper el equilibrio.
Asimismo, hay que saber en qué elemento se interviene y preservar el substrato
de su memoria. Dicho esto, la lectura de éste texto, pronto habrá acontecido.
Sin embargo, se reincorporan otros acontecimientos: unos esperados otros
totalmente ignotos. Pero todo sigue. Con esa semántica; con la propia y
exclusiva de cada cual. Inigualable e inescrutable en su totalidad. Atenta y
cuidadosa. Todo acontece, cierto. Y así, los acontecimientos seguirán su curso
mientras la licencia de nuestro mismo acontecer permanezca con nosotros.
Mientras ello dure, en todo acontecimiento que nos toque, por tangencial que
sea, deberemos tomar partido.
BIBLIOGRAFÍA
Kant, I. (2005). Crítica de la razón pura. Barcelona:
Taurus.
Montaner, J. M. (1999). Arquitectura y crítica. Barcelona:
Gustavo Gili.
Norberg-Schulz, C. (1979). Existencia, espacio y arquitectura.
Barcelona: Blume.
Rossi, A. (1998). La arquitectura de la ciudad. Barcelona:
Gustavo Gili.
Zevi, B. (1998). Saber ver la arquitectura. Barcelona: Apóstrofe.
martes, 7 de febrero de 2023
La 'Barcelona regional' i els seus reptes (Passat, present i futur de la ciutat)
INTRODUCCIÓ
És fàcil d’intuir que la gènesis d’una ciutat com Barcelona, originada com
a tal mil·lennis enrere i ubicada al raser d’un pla banyat pel maremàgnum
cultural del Mediterrani, no se simplifica en un mer assaig. No obstant, és
necessari que, per l’anàlisi que aquí es vol dur a terme s’ofereixin unes
pinzellades, de brotxa grossa, entorn a ella.
Així, en primer lloc, surt a la llum que el primer assentament romà, format
fa poc més de dos mil anys enrere, es el punt en que s’inicia la història
urbana i, per tant, de la ciutat; doncs si bé aquesta ja estava ocupada pel
poblat iber dels laietans, assentats a la muntanya de Montjuïc, no es pot
establir en aquest una linealitat entre el desenvolupament posterior de la
ciutat i l’esmentat poblat en termes morfològics.
Dit això, la coneguda com a Barcino,
no era més que un petit nucli urbà que tenia com a punt central el forum (ubicat en una zona aproximada a
l’actual plaça de Sant Jaume i el Palau de la Generalitat) i que, des d’ell
fins als extrems marginals, tot era circumscrivible en un radi inferior a 250
metres a mesurar des d’una petita elevació (el Mons Taber) que es constituïa com a centre estricte de l’antiga ciutat
romana.
Amb les successives arribades de pobles diversos com els germànics, àrabs i jueus, la forma de la ciutat va anar condicionada al creixement progressiu de
la zona emmurallada i dels ravals perifèrics que anaven integrant-se en les
successives aplicacions muraries. Així va ser fins l’any 1852 quan aquestes es
varen enderrocar i la ciutat emprenia la seva expansió, prenent com a patró el
celebèrrim Pla Cerdà.
A partir d’aquell moment, començaven a intervenir operadors fins aleshores
inexistents i que connectarien, ja, amb el present i futur dels mecanismes de
transformació urbana de Barcelona; que seran, precisament l'objecte d’anàlisi
i estudi del present assaig.
1. L’EXPANSIÓ URBANA DEL PLA
DE BARCELONA
En aquesta primera fase –és a dir, tot just després de l’aprovació del Pla
Cerdà però prèvia encara a la seva execució- la geografia del pla de Barcelona
o, dit d’altra forma, del que avui coincideix amb els llindars estrictament
administratius i polítics d’aquesta-, estava constituït per el congestionat
nucli de l’antiga ciutat i per un conjunt de petits municipis perifèrics que es
distribuïen més o menys propers a ella. Sense ànim d’exhaustivitat, es fa
referència a les poblacions de Sants, la Vil·la de Gràcia, Sant Andreu del
Palomar o Sant Martí de Provençals.
Amb la progressiva urbanització i edificació de la malla definida per
Cerdà, però, la vella ciutat de Barcelona va quedar com un reducte de carrers
foscos i amb clares mancances higièniques, per donar lloc a un model
progressista de ciutat, insuflada de llum i oxigen que van anar integrant, al
mateix temps els municipis perifèrics. D’aquesta forma, l’arribada de la gran
urbs a aquestes poblacions circumdants va derivar en la seva integració fàctica
i, posteriorment, política a la ciutat de Barcelona –aspecte que va tenir lloc
entre finals del segle XIX i principis del XX-.
La ciutat creixia i s’ampliava, doncs, en molt poc temps, de manera
exponencial. Així, per una banda la Barcelona rural s’urbanitzava a marxes
forçades. Per l’altra, integrava en el seu sinus el conjunt de poblacions,
antigament perifèriques, en l’expansiva ciutat de Barcelona en qualitat, ja no
de municipis, sinó de barris de la mateixa. La urbs es consolidava en termes
d’habitació y territori, donant lloc a una incipient metròpolis que s’estenia,
ja, de mar a muntanya i de riu a riu. Barcelona, era, per tant, un territori
encabit entre un quadrangle delimitat pels seus límits físics, a priori, infranquejables: el mar
Mediterrani, el riu Llobregat, la serra de Collserola i el riu Besòs.
2. LA GÈNESI DE LA BARCELONA
METROPOLITANA
Quan el fenomen urbà que comporta la consolidació plena de la ‘nova’
Barcelona, ja ben entrats a mitjans del segle XX, implica, de forma necessària,
una reconsideració geogràfica de la mateixa. En aquest punt, doncs, el que es
troba és quelcom equivalent a allò que s’ha dit en referència a la primera
integració de les poblacions perifèriques de la fase inicial per extrapolar-lo
a una escala superior.
En aquest sentit, allò que podia esdevenir amb els municipis ‘envaïts’ pel
Pla Cerdà aniria succeint, en una línia progressiva, amb els municipis que
encara es mantenien al marge de la ciutat, de forma que certes pedanies, fins
aleshores autònomes amb respecte a la urbs major, acabarien progressivament
generant un contínuum urbà per efecte
de la sinèrgia expansiva de la darrera.
D’aquesta forma, la força motriu que generen el conjunt d’activitats heterogènies,
derivades de l’esmentada expansió i compactació, produeix una repercussió
suficient per, en primer lloc, forçar una dependència de les rodalies urbanes
sobre la ciutat matriu. En segon terme -i en connexió causal amb el primer- les
esmentades activitats -cada cop més especialitzades i concretes-, que no pot
absorbir Barcelona, genera un desplaçament cap a aquelles zones perifèriques.
Aquest fenomen implicarà, al seu temps, l’expansió de l’antiga zona periurbana.
Així, si bé en termes politicoadministratius es manté una independència,
entre Barcelona i la seva perifèria immediata, factualment es pot dir que, des
de finals del segle XX i principis del XXI, desapareix la discontinuïtat entre
els diferents municipis metropolitans –ja sigui en sentit Besós o Llobregat-.
D’aquesta forma, la geografia acaba determinant que Barcelona ja no pot ser un
quadrangle limitat per entorns físics que encotillen el seu creixement; doncs
aquest es produeix, precisament, en el propi context metropolità. Neix, doncs
l’anomenada conurbació i es reforça la noció de metròpolis.
4. CENTRE I PERIFÈRIA DE LA ‘BARCELONA
REAL’
En el punt actual, es pot afirmar que la ‘Barcelona real’ no coincideix amb
el seu equivalent politicoadministratiu, sinó que s’ha de subsumir a la seva
objectivació geogràfica. Així, tot i que el centre continua pivotant sobre la
base de l’antiga ciutat, aquest ha estat subjecte a una nova definició
funcional. En aquest sentit, tot i que s’ha anat conformant, d’una forma cada
cop més clara la idea del contínuum
urbà, s’ha generat un fenomen, aparentment contradictori que no és altra que la
segregació funcional interna.
Així, el centre de Barcelona –entenent com a tal Ciutat Vella i tota l’extensió
de la malla de Cerdà- ha anat conformant-se com un espai cada cop més vinculat
al sector terciari, de forma que la funció d’habitació s’ha desplaçat cap a la
perifèria (Ramírez Carrasco, 2003). No obstant, es pot apreciar, encara, una
important presència d’habitatges que, derivat de l’efecte de la creixent centralitat,
ha anat consolidant un procés d’aburgesament que pot ser, perfectament, encabit
sota el paraigües conceptual de la gentrificació.
En aquest context, ressonen amb força les paraules sota les quals Oriol
Bohigas (1986) va fer entendre la nova política urbana que, ulteriorment, havia
de guiar el projecte olímpic de la ciutat; és a dir, “higienitzar el centre i
monumentalitzar la perifèria”. El fet, però, és que, en poc temps, la noció de
centre va tendir a ampliar-se, ocupant part d’aquella antiga perifèria. En
conseqüència, això ha acabat implicant, també, el desplaçament de la perifèria a
l’antic extraradi. Sense perdre vigència, doncs, l’eslògan de Bohigas, cal dir
que la relació espacial entre centre i perifèria s’ha dotat d’una nova
semàntica en les darreres dècades.
Quan tot allò esmentat es posa en connexió amb la realitat urbana, el que
es representa és una ciutat que, per una banda, compta amb un centre altament
compacte i amb predomini econòmic del sector serveis i, per l’altra, d’una nova
perifèria a la qual cal afegir les altres dues fases ja esmentades. En efecte,
es torna a requerir d’una nova necessitat d’escalar per interpretar el que aquí
s’ha batejat com la ‘Barcelona real’.
Per il·lustrar aquesta ampliació del camp territorial de referència es pot
fer un símil prou eloqüent: Montjuïc era a la primera fase d’expansió de la
ciutat el que Collserola podria ser en el context de la ‘Barcelona real’
actual. Dit d’altra forma, la perifèria ni són les zones marginals del
quadrangle físic de la Barcelona politicoadministrativa, ni són els municipis
que limiten amb el tram final dels rius Llobregat i Besós. Ara, aquesta
perifèria s’estén per la zona del Vallès i altres zones periurbanes ubicades,
ja, a una distància significativa de la urbs matriu.
5. CAP A UNA NOVA
MEGALÒPOLIS REGIONAL?
Examinat el model que, fins ara, s’ha anat desgranant, és fàcilment
deduïble el seu caràcter progressiu. En aquest sentit, es pot afirmar que el
desenvolupament centrífug va absorbint, en diverses fases, la perifèria per
ampliar la centralitat. Tanmateix, els límits físics que semblaven
infranquejables han estat neutralitzats per mecanismes que, un segle enrere,
eren impensables o que es podien concebre com a meres utopies.
En aquest sentit, interessarà il·lustrar aquest fenomen mitjançant
l’anàlisi entorn a com han estat integrades ciutats com Terrassa dintre del que
és la perifèria barcelonina. En efecte, aquestes antigues urbs –en especial la
rellevant Egara (actual Terrassa) romana-, amb un grau d’autonomia i
autosuficiència molt elevat, han acabat vinculades en una relació
d’interdependència amb respecte a Barcelona.
Així, la clau de volta ha estat, senzillament, aconseguir la permeabilitat
de la serra de Collserola. La construcció, doncs, del túnel pel qual aquesta es
travessa és el factor gràcies al qual s’ha aconseguit que la
connexió entre ambdues ciutats esdevingui fluida i ràpida. La ‘caiguda’ de
Collserola; doncs ha permès la ‘conquesta’ del Vallès. Al mateix temps, aquesta
connexió que reforça el desenvolupament de Terrassa implica, alhora, que ho
facin, també, els municipis de Sant Cugat o Rubí, en tant que s’ubiquen en la
línia de connexió entre aquests dos focus. Així, un fet que a priori es pot considerar
contradictori esdevé intel·ligible; és a dir, que la relació
d’interdependència generada amb l’esmentada connexió implica, precisament, que quan
disminueix l’autonomia es consolida el creixement.
En aquesta mesura, doncs, és inevitable pensar on està el límit d’aquest
creixement; de l’embrió d’un petit assentament romà a una megalòpolis que, cada
cop, entén menys de distàncies físiques i de límits naturals respecte al seu
creixement. La geografia urbana, doncs, permet una lectura del fenomen que va
més enllà del mer fet físic per explicar les noves relacions d’interdependència.
Així, quan es consoliden aspectes tan heterogenis com la integració del
circuit automobilístic de Montmeló o del sincrotró –accelerador de partícules
subatòmiques- Alba sota el sinus de Barcelona, és que ja es troben subjacents
uns modes de vinculació cada cop més complexos. De la mateixa forma, cal
començar a pensar que, probablement, el creixement de l’aeroport no es trobi al
Prat de Llobregat, sinó a Vilobí d’Onyar i a Reus; transformant els actuals
aeròdroms d’us intensiu en aeroports perifèrics de Barcelona.
Arribats a aquest punt, el que integra conceptualment tot aquest amalgama
heterogeni d’activitats, no és altra cosa que la materialització incipient d’una
megalòpolis en la qual conflueixen diferents especialitats i especificitats; a
on l’espai, cada cop és més permeable. Es pot parlar, plenament, del pas de la
‘Barcelona metropolitana’ a la ‘Barcelona regional’ –una simplificació derivat
del terme ‘urbanització regional expandida’ (Brenner, 2013)-. Així, l’embrió ja
és actiu, només falta la seva concreció i definició.
6. ELS NOUS REPTES DE LA
REGIÓ
El primer que s’aprecia –i de fet, ja s’entreveu en el desenvolupament previ-
és que Barcelona, entesa com a regió, no es limita a l’espai acotat entre els
accidents geogràfics que tantes vegades s’han esmentat al llarg del temps. La
Barcelona regional, doncs és un organisme viu, amb diferents graus de
compacitat i fluxos intensius que articulen les diferents peces.
Més encara i en certa connexió amb algunes teories de desenvolupament
associades a les transformacions de l’activitat econòmica, es pot dir que allò que
ofereixen els límits de Barcelona han estat el motiu, precisament, de la seva
transgressió. El pla que es constitueix des de la serra de Collserola fins al
mar, amb les seves conseqüents zones pantanoses, i l’explotació hídrica dels
rius entre els quals s’ubica expliquen l’optimitat d’aquesta zona per al
desenvolupament d’un nucli poblacional autosuficient, que va implicar la
combinació de l’àmbit residencial amb l’agrari. Aquí es troba l’embrió del
creixement urbà posterior, on l’agrari aniria retrocedint per donar lloc a
activitats diferents i diverses.
Per altra banda, cal observar la desmitificació progressiva del centre. En
aquest cas, la centralitat de la Barcino
romana, focalitzada al Mons Taber, implicava
una certa sacralitat. Allà se situava, a més, el Temple d’August. Així, es
constituïa com una mena d’omphalos (‘melic’,
expressat en grec) a partir del qual es projectava com l’element sobre el qual irradiava
allò místic o diví al conjunt de la ciutat. Dit això, cal matitzar que, si bé aquest element, en si
mateix, no tenia un sentit stricto sensu,
es projectava com un símbol col·lectiu d’una comunitat (Eliade, 2006).
No obstant, allò que havia estat instaurat dintre de la categoria de caire
misticoreligiosa aniria, progressivament, desvinculant-se d’ella per esdevenir
una fita comunitària de caràcter referencial i amb un fort pòsit psicològic –doncs
és habitual generar aquestes referències en el dia a dia del desenvolupament de
l’ésser humà-. En aquest sentit, Aldo Rossi (1982) reconeix aquest extrem i el
reformula sota el patró del genius loqui,
(quelcom així com ‘l’esperit del lloc’). En aquesta idea subjau el fet del
contenidor de la memòria col·lectiva, del seu pas intergeneracional i de la
permanència d’alguna cosa que vincula el desenvolupament d’un espai territorial
al llarg del temps. Tot plegat conflueix en el concepte del ‘lloc’.
Es pot afirmar, en aquesta fase de l’estudi, que les centralitats antigues
romanen ara com a operadors en els termes que Rossi planteja, alhora que les
noves centralitats construeixen les seves pròpies fites -contenidores,
tanmateix, d’estructures anàlogues a les esmentades als paràgrafs precedents-.
Tanmateix, el lloc (‘thopos’, com
originàriament s’entenia en grec), ja només és un referent i no un punt focal o
de centralitat –sovint no és necessària la seva visualitat, doncs amb la
cognició de la seva presència física en la consciència ja es genera una
estabilitat i un ordre psicològic en la configuració mental i subjectiva de l’espai-.
Darrerament, cal reflexionar entorn al concepte de lloc, posant-lo en
relació amb el fenomen de la megalòpolis regional. Per iniciar aquest punt s’ha
triat el text de Martin Heidegger ‘Construir,
habitar, pensar’, que –amb l’estil característic de la seva ‘metafísica
poètica’- il·lustra prou bé la idea de lloc, en contraposició amb el concepte d’espai
isòtop. Així, el filòsof germànic determina que el ‘construir’ s’ha d’entendre
com un equivalent metafísic a l‘habitar’, fet que remet, en últim terme al ‘lloc;
és a dir, a una relació de permanència amb ell. Dit, d’altra forma, en
l’essència d’allò humà rau una idea d’estabilitat amb un entorn a l’abast de la
mesura perceptible de forma immanent; entenent això com el fet de “romandre en un lloc segur” (Heidegger,
2015).
Dit això, el seu extrem oposat es pot trobar en Marc Augé (2017). Segons
aquest darrer, es posa sobre la taula un model de societat de sobreabundància
generalitzada, on el flux d’informació és tal que no pot arribar-se a la plena
intel·lecció o assumpció de la mateixa. Es generen, doncs, filtres inevitables.
Aquest fenomen deriva en l’anomenada ‘sobremodernitat’; un estrat que va més
enllà de la ‘postmodernitat’. Així, allò dit respecte a la informació es
trasllada, també, als paràmetres espacials, de mode que es generen els mers
espais de trànsit. En aquests darrers, les referències decauen, fet que acaba
derivant en que Augé anomena l’adveniment del ‘no-lloc’.
CONCLUSIONS
En primer lloc, cal matisar que, donat el desenvolupament de l’assaig, les conclusions,
per imperatius materials, no poden ser totalment ‘conclusives’; doncs, en tant que
allò que s’analitza és un fenomen en ple procés de desenvolupament, tancar
portes implicaria no saber interpretar que s’està estudiant, precisament, un procés actiu. La conclusió, doncs, es projectarà en base a
l’hermenèutica geogràfica i urbanística necessària per aconseguir aquestes
fites, juntament amb la integració i l’ús correcte dels conceptes de determinats aspectes nuclears
per entendre l’esdevenir temporal més pròxim.
El conjunt de coses que s’han dit fins aquí porta a quelcom que no pot basar-se
en una visió unilateral o binària, d’adscripció o rebuig. Els plantejaments s’han
d’integrar per aconseguir l’efectivitat d’un fenomen nou i successiu. Ara, però,
es juga amb cert avantatge; doncs en la percepció de la repetició del patró,
juntament amb la profunda teorització entorn als models de creixement urbà, cal
dir que, dins d’una certa indeterminació, es poden anticipar fenòmens en base
als citats models ja passats.
Així, la nova Barcelona regional ha de saber equilibrar la indeterminació relativa de l’àmbit geogràfic del seu desenvolupament amb la concreció d’establir unes
pautes sobre com evitar la isotropia i la desvinculació de les persones respecte a
l’espai on aquesta es desenvolupa. Aquí interessará, especialment, la determinació del
segon punt; doncs si bé els espais de transit no poden evitar incórrer en certa
impersonalitat espacial, cal reforçar, sobretot, els punts de cognició sobre
els quals la consciència individual i col·lectiva poden assentar les seves bases.
La clau de volta, doncs, és l’assumpció de la nova realitat vivencial en un
context regional; desgranant un i altre dels extrems esmentats al paràgraf
precedent. En primer lloc, cal assumir que, tot i les dificultats, en clau
regional els espais de transit passen a tenir, ulteriorment, un caràcter
vivencial. Però, sobretot, cal generar fites o referències en els diferents nivells
de perifèria per tal que el ciutadà pugui assentar-se i integrar-se en base als
seus propis mecanismes de cognició espacials.
Això passará, doncs, per reintegrar la idea del ‘lloc’, però resemantitzant-lo.
“Centralitzar la perifèria”, per tant, serà el nou axioma d’intervenció que
haurà de guiar els diferents actors que contribueixen i contribuiran en la definició del
creixement urbà; fet que implica, tanmateix, que l’esmentat desenvolupament, no
podrà escapar mai d’un anàlisis profund en la globalitat de la seva escala regional. En últim terme, cal plantejar com la progressiva expansió pot donar lloc a connexions
interregionals; és a dir, als anomenats hinterlands
(Brenner, 2013). El present actual i la integració de tot allò dit fins ara, serà, doncs, el futur inmediat de la ciutat mateixa.
BIBLIOGRAFIA
Augé, M. (2017). Los «No
Lugares». Espacios del Anonimato. Barcelona, Gedisa.
Bohigas, O. (1986). Reconstrucción de Barcelona. Madrid, Ministerio de Obras Públicas y
Urbanismo, D.L.
Brenner, N. (2013). “Tesis sobre la urbanización
planetària”, A: Nueva Sociedad, núm.243.
Eliade, M. (2006). El mito del eterno retorno. Madrid, Alianza.
Heidegger, M (2012). Construir, habitar, pensar. Barcelona, Oficina de Arte y Ediciones.
Montaner, J. M. (1997). La modernidad superada. Arquitectura, arte y
pensamiento del siglo XX. Barcelona, Gustavo Gili.
Ramírez Carrasco, F. (2003). Valoración de la congruencia espacial entre
la actividad residencial y terciaria en el centro urbano de Barcelona
[Tesis doctoral: Universitat Politècnica de Catalunya].
Rossi, A. (1982). La arquitectura de la ciudad. Barcelona, Gustavo Gili.
martes, 13 de septiembre de 2022
Hablando del Cine. Hablando de Jean-Luc Godard
Hablar de Jean-Luc Godard es hablar del Cine. De ése mismo en su globalidad. Repudiado por muchos. Vituperado por otros. Sin embargo, creador incesante y sin parangón. Godard fue el director de cine que llegó a tensar tanto la cinta de celuloide que, incluso, llegó a romperla, generando experimentos cinematográficos realmente brillantes y, a la vez, inquietantes y subversivos (pues ¿acaso alguien, antes que él, llego a incorporar en un filme escenas grabadas por teléfonos móviles de baja resolución?)
El éxito o fracaso de cada una de sus experiencias puede ser valorado de
modo muy subjetivo. Sin embargo, hay cierta objetividad en el cine de Godard. Paradigmas
comunes que se van consolidando y que se constituyen en un leitmotiv a lo largo
de su filmografía. Uno de estos elementos es la profundidad comunicativa
revestida de frases lapidarias (que muy a menudo parafrasean a grandes filósofos
o escritores). Muchas veces, se generan feedbacks
inusuales o, directamente absurdos, donde quizá versa más la forma que el
fondo; poniendo énfasis en la incapacidad misma del habla (véase, en este caso,
Adieu au Langage (2014)). Típicos son
también los inicios musicales que entran en modo de crescendo para cortarse abruptamente; tal cual el espectador es
arrojado a la desnudez de la escena y de su dramatismo.
No obstante, el desarrollo del lenguaje estrictamente godardiano va integrándose poco a poco. En À bout de soufflé (1959), el primero de sus grandes metrajes y
referente de la nouvelle vague, pone
de manifiesto un cambio en el rodaje de los planos exteriores y en el
desarrollo fílmico en general. Pero, no es, quizá, hasta Vivre sa vie (1962)
cuando se produce una verdadera ruptura en el modo de filmar, llegando a
anticipar lo acontecido o rodando magistralmente, por ejemplo, una conversación
a espaldas de los intérpretes.
A partir de ese momento, se puede afirmar que nace el fenómeno Godard. En
este sentido, no deja de ser curiosa la adopción de sus siglas: JLG; usadas como patrón-anuncio de sus
distintas producciones. Un modo muy pop para
alguien tan vinculado a la gauche francesa.
Así, en La Chinoise (1967), en Tout va bien (1972) y en otros tantos
filmes, el director vuelca sus preocupaciones hacia esa misma gauche que le genera expectativas y expectación,
pero con respecto a la cual no puede dejar de ser crítico y analítico a la vez.
Godard, pues, nunca podrá escapar del Cine. Pero a su vez, el Cine tampoco
podrá hacerlo con respecto a él. Su contribución a éste género artístico ha
sido incuestionable Tan críptico como poético, ha trazado un recorrido pleno y
prolífico que la Historia del Cine –y del Arte- irán situando, con el paso del tiempo,
en su debido lugar.
viernes, 2 de septiembre de 2022
Porqué en España hubo una transición y no una revolución
Cuando, entre sollozos, el entonces presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, anunciaba la muerte del dictador Franco, en Portugal ya regía un nuevo orden democrático fruto de la popular Revolución de los Claveles. Portugal, como Francia en su momento, quebrantó su sistema político de forma integral. España, sin embargo, todavía se sometía bajo el régimen del yugo y las flechas.
La Transición Española -tan vilipendiada
como vituperada hoy- no fue más que un lento proceso de transformación
político. En efecto, fue un tránsito hacia otro modelo que, a diferencia de
nuestros vecinos lusos, no implicó ninguna rotura del sistema legal. Es más, podemos
afirmar con total certidumbre que el régimen jurídico-político en el cual participamos
se originó aquél 18 de julio de 1936.
A nadie mínimamente avispado se le
escapará la fecha. Fue, en efecto el día en que España se partió en dos: los
sublevados frente a los republicanos. El inicio de la Guerra civil. Los
golpistas contra los legitimistas. Porque, a pesar de todo, el régimen legal
vigente, en aquel momento, derivaba de la Constitución de 1931. Esto es, de la
Segunda República española; que se amparó, siempre, en la voluntad popular.
Pues fue éste quien, tras la fuga de Alfonso XIII y la consecuente declaración
de la República, decidió crear un poder constituyente cuyo mandatario sería el
pueblo y cuyo mandato o no sería otro que el de redactar una nueva Constitución.
La legalidad durante el período
de la Segunda República derivaba de lo antecedente. Se levantó sobre una
continuidad del sistema que, a su vez, permitió refrescar al mismo mediante la garantía
de derechos y deberes, más de tendencia progresista y liberal. Pero seamos claros,
no se puede decir lo mismo respecto a la “modélica” Transición.
Así, desde la muerte de Franco,
tras el nombramiento del rey Juan Carlos como jefe del Estado y de la –supuesta-
apuesta de este último por Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, España
se dio cuenta de que su único camino era la democracia. España no podía
permitirse ser una dictadura insular, en torno a una Europa democrática. Así,
Suárez decidió arremangarse y asentar las bases de ese régimen ambicioso pero embrionario
(léase, igualmente, el dar comienzo a la celebérrima Transición).
El trabajo del presidente Suárez
tuvo sus efectos: las Cortes Franquistas decretaron, mediante la octava ley
fundamental del régimen –franquista, por supuesto-, su auto-disolución y el
reemplazo de las mismas por las de un nuevo Congreso de los Diputados, donde
los escaños serían, más o menos, proporcionales al voto de los ciudadanos
españoles. Ésta ley fundamental; esta y no otra, fue la clave de bóveda de toda
la democratización del Estado. En efecto, fue Suárez quien, con sus dotes
persuasorias, llevó a los obscuros procuradores de las Cortes a votar a favor
de su desaparición (de aquí que ha sido apodada como la “ley del haraquiri”). El
Franquismo institucional procedió a su disolución.
Dicho esto, el resto es casi por todos
conocido. Pero cabe recordar, lo que se ha dicho al principio: venimos de la
legislación golpista. En efecto, la Transición no fue la peor, pero encubrió demasiado
una legislación en exceso amnésica. Esto es, que si ahora somos democráticos es
porque el alter poder; el poder
sublevado, rompió, en 1936, con un régimen político legítimo y respetable en
términos democráticos. Pero no olvidad: ese poder alzado fue el que negó
nuestra realidad. Y, sobre todo, recordad: el sistema político vigente asienta
sus bases en el poder rebelde que, institucionalizado, se blanqueó. Dicho sea
por última vez, el del yugo y las flechas.
En efecto, en la España
contemporánea, hubo una transición, pero jamás una revolución.
lunes, 27 de junio de 2022
Rem Koolhaas: de la cultura de la congestión a lo paranoico-crítico
Rem Koolhaas ha sido uno de los arquitectos más prolíficos de los últimos años. Su despacho, OMA (Office of Metropolitan Arquitecture), tiene proyectos diversos alrededor del mundo. Por otro lado, Koolhaas, ha destacado casi por igual en su vertiente teórica como en la estrictamente proyectual. En el ámbito de la teoria, pues, la gran referencia es la obra Delirio de Nueva York, un fascinante 'pseudotratado' en que pretende dar a entender, de modo retroactivo, un, también ficticio movimiento que él denomina el Manhattanismo; dentro del que jugará un papel decisivo la denominada "cultura de la congestión".
Como en todo manifiesto, Koolhaas toma una visión claramente sesgada y parcial de enfocar el mundo y, concretamente Nueva York. En este caso, en su misma historia hará recaer, en gran modo, su propia justificación proyectual. En efecto, hay un ligamen importante entre
lo que este arquitecto desarrolla con respecto a lo que ha significado el
devenir de Manhattan. En este sentido, llama la atención la posibilidad que él
plantea entorno a edificios donde cada planta es un mundo entero; integrando un universo de realidad con todas las posibilidades que de él se deriven. La congestión arquitectónica, pues, puede actuar entorno a una misma envolvente. O, dicho de otro modo: cualquier cosa puede contenerlo todo.
Así, del mismo modo en que
universos distintos son portacontenedores inmensos, la arquitectura de Koolhaas
tiene mucho a ver con respecto a la gran capacidad de reunir entorno a ella distintos programas. Dicho de otro modo, la cultura de la congestión la aplica
en la medida que sus edificios no se ciñen a un único propósito sino que
contienen en ellos multitud de funciones diversas. Incluso, cuando el proyecto
parece ceñirse a algo estrictamente monofuncional, la arquitectura del neerlandés va más
allá. En este caso puede ser paradigmática la Casa da Música de Oporto (abajo), donde, más que meros auditorios, decide condensar usos distintos, tales como zonas administrativas, de restauración
o el uso de la azotea como observatorio sobre la ciudad.
Por otro lado, cabe mencionar sus referencias hacia el método que Dalí llamo lo "paranoico-crítico". En este sentido, lo que Koolhaas y que toma prestado con respecto al genio del surrealismo es la posibilidad de crear sin ningún objeto más allá del fluir de las formas en la consciencia para, posteriormente, sublimar en lo informe una materialización racional de aquello que se había generado en la consciencia. Este procedimiento ilustra ya no solo evoca un universo formal que se limite a formas marcadamente plásticas y limitadas a un surrealismo más "canónico", en términos de representación daliniana. Esta praxis opera como método subyacente en el que lo tomado, de forma aleatoria se le asigna significado a libre albedrio, sin atender a un razonamiento más que a la inmediatez y al dictamen de la sensibilidad más pura.
En este sentido, puede ser muy ilustrativo el ejemplo de el Museo Kunsthal, de
Rotterdam. Así, en base a unos pliegues que actuan "a priori" se irán integrando un conjunto de elementos estructurales de naturaleza distinta. Estos elementos, sin embargo, son confusos y difícil de calcular como estructura en sí. Se busca, con ello, un efecto de "ready-made object", más propio de un catálogo de exposición de muestras que de una estructura real. Koolhaas, de este modo, deja entrever su
experimento visual, a la vez que lo hace plausible y realizable.
En la integración de las distintas facetas termina generándose, pues, un personaje fascinante, caudal en la historia contemporánea de la arquitectura. Pensador y creador en
ambos costados. Convicto y polémico capitalista que, a modo de estructura de
mercado, llega a asociar los países de la Unión Europea bajo un código de
barras en el que se contienen todas las banderas de los Estado miembro. Pero, sobre
todo, para aproximarse a él cabe saber leer sus obras desde su divagación
formal. Sin limitaciones. Dejándose llevar por lo más perceptivo y visual.
Dejando fluir lo critico e inmiscuirse en la pura paranoia.
martes, 14 de junio de 2022
'L'Eixample' y el Plan Cerdà: Origen y evolución
INICIO: EL DERRIBO DE LAS MURALLAS
En el año
1854 la ciudad de Barcelona llevó a cabo una de las mayores revoluciones de su
historia. Las murallas que habían constreñido el núcleo urbano serían
derribadas. Vistos todos los cambios urbanísticos que se han producido en las
últimas décadas, éste acontecimiento puede parecer uno de tantos. Sin embargo,
lo que aquí se pone de manifiesto es probablemente el cambio de morfología
urbana de mayor calado en toda la historia de la ciudad.
En este
sentido, a mediados del siglo XIX los barceloneses vivían hacinados en un
espacio extremadamente reducido para una población encerrada por los antiguos
muros. Las calles angostas, junto con la alta densidad edificatoria habían
conllevado que el núcleo urbano fuera un lugar insalubre y con escasas
condiciones higiénicas para vivir dignamente. Las enfermedades infecciosas
campaban, de este modo, a sus anchas, generando, frecuentemente, epidemias
variadas. Del mismo modo, el sol brillaba por su ausencia. Barcelona era, pues,
una ciudad que necesitaba imperiosamente poner freno a dicha situación.
EL PLAN DE ENSANCHE: ALGUNAS PROPUESTAS
En este
contexto, la caída de las murallas abría un nuevo debate: ¿Cómo debía crecer la
ciudad? ¿Cuál debía ser el plan rector para desarrollar dicho crecimiento? Así,
puestos en contexto, Barcelona se encontraba rodeada de pequeños núcleos
urbanos. La Vil·la de Gràcia, Sant Andreu del Palomar, Santa María de Sants,
Sant Martí de Provençals y otras tantas pequeñas urbes que rodeaban el
perímetro del entonces término municipal de la ciudad.
Sin
embargo, un vasto terreno, por aquel entonces, todavía agrícola, debía
subyugarse a un plan de ensanche urbano sin parangón. Desde que las murallas fueron
derruidas, el gobierno municipal se encontraba inmerso en dar solución a cómo
abordar dicho plan. De entrada, propuestas no faltaron. Lo que se ofrece a
continuación es el detalle de algunas de ellas que, en ningún caso, resultaron
ganadoras.
Así, Fransesc
Soler i Glòria (Fig. 1) optó por proponer un modelo en base al cual la ciudad
se ordenaría mediante una doble malla que se desarrollaría por medio de un eje
que debía emanar de la ciudad antigua y que la atravesaría, a la vez que, en su
proyecto, priorizaba ciertas calles que debían desarrollar el rol de avenidas y
en cuyas intersecciones se generarían plazas. Si bien propuso la integración de
una zona industrial cerca del puerto (asimilable a la actual Zona Franca), el
modelo no dejaba de ser insuficiente, simple y poco ambicioso.
Fig. 1. Proyecto de ensanche de Fransesc Soler
i Glòria
Por otro
lado, Miquel Garriga i Roca (Fig. 2), presentó un compendio de proyectos entre
los que destacaba una propuesta muy encarada a la óptima conexión con la Vil·la
de Gràcia. Primeramente, se trazaría una vía que comunicaba la Rambla con el
actual Carrer Gran de Gràcia. Esta vía rectilínea cruzaba casi
perpendicularmente a un eje longitudinal entre la ciudad antigua y el núcleo
urbano de dicha villa mediante el cual se desarrollaría simétricamente el nuevo
ensanche, con seis pequeñas plazas distribuidas en ambos lados y una plaza
central a modo de foro romano. El vial que se utilizaría como eje de simetría
se debía cerrar mediante dos grandes espacios con una edificación central monumental,
de las cuales emanarían un haz de vías radiales. A la vista actual, el proyecto
de Garriga i Roca peca de crear una ciudad intermedia que, en su extensión, no
lograba en absoluto cohesionar nada, sino más bien fagocitar uno y otro extremo
sin resolver lo que éste pretendía.
Fig. 2. Proyecto de ensanche de Miquel Garriga
i Roca
Para
terminar este capítulo, se estudiará el proyecto realizado por Josep Fontserè i
Mestre (Fig. 3). Se trata del más heterogéneo, morfológicamente hablando, de
todos los planes presentados. Cada manzana es distinta a las demás. Sin
embargo, aun disponiendo de ejes conectores que generarían distintas
centralidades y de dar una solución suficientemente razonable con respecto a
algunos de los entonces municipios periféricos, peca de un formalismo absurdo.
En este sentido, hay que sacar a colación la distribución de las viviendas
conforme a los escudos de Catalunya y Barcelona. Este extremo, aun presentando
buenas intenciones, no deja de ser algo banal y frívolo; pues la lectura se
realizaría únicamente desde la planimetría ya que a nivel de suelo nadie se
percataría de esas conexiones formales.
Fig. 3. Proyecto de ensanche de Josep Fontserè
i Mestere
EL PLAN GANADOR DE ANTONI ROVIRA I TRIAS
El
Ayuntamiento de Barcelona, tras estudiar las distintas propuestas, finalmente
falló el 10 de octubre de 1859. Todos los miembros del jurado apostaron por el plan
de Antoni Rovira i Trias (Fig. 4). Éste se basaba en un modelo radial que
partía de la ciudad antigua mediante cuatro viales principales. Asimismo
constaba de una gran plaza pública en el lugar en el cual se encuentra,
actualmente, la Plaza de Catalunya.
Fig. 4. Proyecto de ensanche de Antoni Rovira
i Trias
El
plan de Rovira i Trias, por lo tanto, establecía una jerarquía gradual en tanto
que por su radialidad, cuanto más cerca del centro, mayor valor inmobiliario se
dispondría. Consecuentemente, la tendencia opuesta implicaría la disminución de
dicho valor. Se trataba pues de un plan pensado especialmente para la burguesía
y que perjudicaba a las clases más populares; pues éstas se verían desplazadas
hacia las zonas más periféricas de la ciudad.
Sin
embargo, el proyecto de Rovia i Trias, pese al consenso que generó en el jurado
barcelonés fue rechazado por el gobierno central que, a golpe de orden real,
impuso el modelo del ingeniero Ildefons Cerdà. De este modo, se adoptaba un
modelo de ciudad diametralmente opuesto, tanto en la forma como en el fondo, al
plan ganador municipal.
LA IMPOSICIÓN DEFINITIVA DEL PLAN CERDÀ
Más allá de afines o detractores, de elevar sus virtudes o profundizar en sus defectos, lo que no hay duda es de que el Plan Cerdà (Fig. 5) fue impuesto desde unas instancias de poder muy alejadas de las que realmente tenían la potestad legítima de deliberar entorno a cuestiones de naturaleza urbanística. Pues cabe tener en cuenta que estas se ceñían exclusivamente sobre la ciudad de Barcelona y sobre sus municipios circundantes.
Fig. 5. Proyecto de ensanche de Ildefons Cerdà
En todo
caso, este hecho no pasó desapercibido por parte de las élites burguesas o de
los círculos afines a ellas. Como ejemplo, el llamado Modernismo catalán –la corriente del Art Noveau que prendió en Catalunya- reaccionó ante este modelo
urbanístico. Paradigmática es, en este sentido, la construcción, por parte del
arquitecto Lluís Doménech i Montaner del trazado de la actual Avenida Gaudí que
corta transversal –y deliberadamente- la gran malla de Illdefons Cerdà –respecto
de la cual se tratará a continuación-, casi como acto de rebeldía.
Sin
embargo, dichas acciones son escasas y lo cierto es que, como se verá a
continuación, el Plan Cerdà se adultera por las inercias especulativas que se
contrajeron durante su ejecución. Será interesante, en este sentido, poder
analizar, en primer lugar, que características presentaba dicho proyecto en
base a su planimetría. Más adelante ya se entrará a valorar su ejecución.
PLAN CERDÀ: LA IDEA ORIGINARIA
El
proyecto de ensanche que planteó Cerdà se basaría, grosso modo, en la aplicación de una retícula viaria cuya manzana
estándar partía de un modelo cuadrado, achaflanado en cada uno de sus cuatro
costados. A su vez, dicha retícula se cortaría por dos largas avenidas y se reforzaría
por una tercera más ancha, integrada dentro de la estructura ortogonal. La
confluencia de estos tres viales (actualmente la Palza de las Glòres) daría
lugar a un espacio que debía reflejar la nueva centralidad urbana, desplazándose,
de este modo, desde el centro histórico hacia el noreste de la ciudad. A nivel
viario, cabe resaltar, también, la agradecida anchura de las calles que, en
función de sus características, oscilaría entre los 20 y los 50 metros.
Sobre las
cuestiones relativas a la edificación, Cerdà planeó que las manzanas debían ser
abiertas o comunitarias. De este modo, de los cuatro costados de la manzana
debían construirse solamente dos pastillas opuestas y paralelas entre sí o,
como mucho, en zonas más densas, tres pastillas de edificación, dejando, en
todo caso, un costado de la manzana sin edificar. Eso, en primer lugar,
permitiría evitar una densidad excesiva. Por el otro extremo, el hecho de no
cerrar la manzana permite una óptima insolación e higienización de las
viviendas.
En ese
sentido, también hay que hablar del chaflán. En Barcelona, la gran diferencia con
respecto a otros modelos reticulares de ciudad es la introducción de dichos
elementos que tienen, a su vez, dos aspectos clave. En primer lugar, la
ordenación y racionalización del tráfico –que, en aquel tiempo, todavía era formado
por el carro de caballo-, optimizando el sistema de giros de los vehículos y de
los flujos de movimiento de los mismos. Por el otro, la higienización e
iluminación del espacio tanto público como privado. En este sentido, el espacio
definido en cada intersección genera un conjunto de pequeñas plazas mientras
que, en el interior de las viviendas, pueden gozar de grandes cantidades de luz
natural.
En
resumen, el Plan Cerdà es radicalmente opuesto al de Rovira i Trias. Pues si el
último plantea, como se ha dicho, una ciudad jerarquizada, el primero configura
un modelo igualitario, neutro e isotópico. De este modo, la gran malla de Cerdà
puede extenderse idealmente ad infinitum,
en tanto que no prende de un marcado punto nuclear –a excepción de la
intersección de las avenidas ya mencionadas-. El modelo Cerdà, tiende más a
objetivar y a matematizar el espacio, en consonancia con las necesidades
sociales de la clase obrera; a la vez que se aleja de los estandartes de las
pretensiones burguesas.
LA EJECUCIÓN DEL PLAN CERDÀ
El 14 de
setiembre de 1860 la reina Isabel II colocaba, al fin, la primera piedra del
futuro ensanche de Barcelona en una ubicación cercana a la actual Plaza de
Catalunya. Durante las primeras tres décadas el crecimiento fue lento. Sin
embargo, la celebración de la Exposición Universal de 1888, así como el
advenimiento del movimiento Modernista
favoreció claramente la ocupación del terreno que Cerdà había delimitado años
antes. Tampoco es menor el hecho de que dos piezas tan singulares como es el
Templo de la Sagrada Familia y el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, optaran
por trasladarse a uno de los extremos del enanche mismo; dando lugar a un
efecto centrípeto.
Así, lo
que al principio fue un crecimiento limitado y débil, terminó por generar un
gran impulso constructivo muy notable, ya a principios del siglo XX. La guinda
del pastel fue la extensión de la red de tranvía así como el inicio del
funcionamiento de un nuevo sistema de transporte: el metro. Lo periférico, pues
adquiría centralidad. Los municipios circundantes, también, terminaron por
integrarse a la gran urbe que ya empezaba a ser Barcelona. Progresivamente, las
zonas agrícolas iban disminuyendo su presencia mientras se consolidaba ya, el
conocido como ‘L’Eixample’ (expresado terminológicamente en catalán).
La fuerte
demanda, sin embargo, conllevó la alteración de las ideas de Illdefons Cerdà.
De este modo, las manzanas no respetaron la ordenación que éste había previsto,
sino que por inercias del mercado y derivado de las intensas tensiones especulativas, se construyó en todo el perímetro de la manzana, desvirtuando el
revolucionario proyecto del ingeniero. Así, L’Eixample, aun conservando la
estructura reticular achaflanada, no logró ser esa ciudad ideal que planificó
Cerdà.
CONCLUSIÓN
No hay
duda de que, más allá de los fracasos relativos con respecto a lo ideado en el
modelo original –que no deja de ser utópico-, el trazado de L’Eixample
barcelonés, sigue siendo revolucionario. En primer lugar, la compacidad de la
ciudad ha logrado revertir las tendencias a la zonificación de los espacios que
propugnaban los vanguardistas de principios de siglo XX. Sin embargo, éste ha
mostrado la plena capacidad para poder incorporar usos distintos dentro de su
malla urbana, constituyéndose, así, como un ejemplo perfecto de ciudad
sostenible. Revolucionaria en pleno siglo XXI, pero más si se tiene en cuenta
que la concepción de dicho modelo es de hace casi dos siglos.
Del mismo
modo, el elemento más sui generis de
dicho plan, no solo ha sido visionario, sino que constituye su hecho identificador;
esto es, el chaflán. De hecho, esta característica rompe con el clásico modelo
hipodámico presente en tantas otras ciudades, para alumbrar una ciudad llena de
‘plazas’ en cada una de sus esquinas. La oscura Barcelona antigua, pues, se
contrapone a una urbe plena, de luz y de aire.
Finalmente,
cabe mirar al futuro. En este sentido, será interesante el ver cómo se
desarrollará el proyecto de las Superilles
(Supermanzanas). De este modo, parafraseando a Cerdà, hay que inducir la
urbanización de lo rural pero, a la vez, debe ruralizarse lo urbano. El cómo se
lleva a cabo este extremo de un modo equilibrado y fiel a los principios que el
mismo Cerdà ideó constituirá uno de los aspectos nucleares. El otro, será el
modo de desarrollar los distintos flujos de tráfico y la instauración de una
red metropolitana de transporte público de calidad. De ambos factores dependerá
el éxito o el fracaso del proyecto más ambicioso que se ha planteado sobre L’Eixample
desde su misma constitución.






